23 diciembre, 2008

Jesús es de Virgo...


¿CUÁNDO NACIÓ JESÚS?


Parece ser que ni el 25 de diciembre, ni hace 2009 años. La historia apunta más bien a otra fecha, y cinco años antes de lo que se cree. Pero los primeros cristianos eligieron la fecha para hacerla coincidir con las fiestas paganas de la exaltación al Sol.


La Navidad es una fiesta que hoy, de una forma u otra, alcanza no sólo al mundo religioso cristiano sino también a países de otras religiones y personas agnósticas o no creyentes. Ya es más que una celebración religiosa; es un paradigma, la metáfora de un momento de mayor intimidad familiar, de arquetipos antiguos, de sueños de fraternidad perdida.

Sus orígenes no son claros. La Iglesia de los primeros siglos estaba tan segura de ignorar la fecha del nacimiento de Jesús de Nazareth que algunos Papas llegaron a castigar con pena de excomunión a los cristianos que aseguraban conocer tal fecha. Entonces, ¿el profeta judío no nació el 25 de diciembre? Ciertamente, ¡no! Desconocemos el día, el mes o el año de su nacimiento; también el lugar, ya que lo más seguro es que nació en Nazareth y no en Belén como siempre se ha pensado. Baste recordar que a los judíos de esa época se les nombraba por el lugar de nacimiento o por el nombre del padre. A Jesús, los evangelistas, nunca lo llamaron Jesús de Belén, siempre fue Jesús de Nazareth.

¿Dónde surge entonces la idea de celebrar la Navidad cristiana el 25 de diciembre? Por lo pronto, hasta bien entrado el siglo IV de nuestra era, la Navidad no se celebraba o se celebraba en otras fechas. Por ejemplo, en un cálculo del año 243 d.C. se fijó el día del nacimiento de Cristo el 28 de marzo, día en el que fue creado el Sol, teniendo en cuenta que para el cristiano el Mesías es, según el profeta Malaquías, el "sol de justicia".

En el año 194 d.C., Clemente de Alejandría escribió que Jesús nació el 18 de noviembre del año 3 “antes de nuestra era”, pero ofreció dos fechas alternativas: el 19 de abril y el 20 de mayo. Un siglo y medio más tarde Epifanio fijó la Navidad el 6 de enero pero ofreció el 20 de mayo como la fecha de la concepción, con fechas alternativas del 21 de mayo y el 20 de junio, lo que supondría que Jesús nació prematuro entre dos y tres meses antes de término.


Sólo en el año 379 d.C. fue introducida la festividad de Navidad el 25 de diciembre por san Gregorio Nacianceno, defensor de la divinidad de Cristo. Pero no fue una decisión pacífica. En Antioquia hubo diez años de resistencia a aceptar tal fecha, y en Egipto la lucha contra la introducción del 25 de diciembre, como fiesta de la Navidad, duró hasta el año 431. En la actualidad, la Iglesia de los Armeños sigue resistiéndose a festejar el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, celebrándola el 6 de enero.

El cristianismo en sus comienzos no celebraba la Navidad porque era algo que no interesaba, la única gran festividad era la Pascua. Las fiestas referidas a los apóstoles estaban ligadas al día de su muerte, de su martirio, no de su nacimiento. Una de las primeras fiestas que empezaron a celebrarse fuera de la Pascua fue “el bautismo de Jesús” o “Epifanía”, que se efectuaba, y aún hoy se sigue haciendo, el 6 de enero, considerando que la verdadera manifestación de la divinidad de Jesús llegó durante el bautismo que recibió de su primo Juan Bautista.

El hecho de empezar a celebrar también el nacimiento de Jesús surgió de una disputa teológica. Una parte de los primeros cristianos, considerados más tarde como heréticos, concretamente los gnósticos, defendían que fue sólo durante el bautismo cuando la divinidad reveló al Cristo, y no durante su nacimiento. Y así surgió, primero en Egipto y más tarde en todas las Iglesias de Oriente, la necesidad de celebrar la festividad del bautismo de Jesús. Y decidieron que fuera el día 6 de enero. ¿¡¡¡Por qué!!!? Si se desconocía la fecha del nacimiento de Jesús, menos aún se conocía la de su bautismo. Al parecer, se decidió esa fecha porque los paganos, es decir, los no cristianos, celebraban la fiesta en honor a Dionisios, que a partir de la fusión de mitos egipcios y helenos, era el dios del vino, de la vegetación y de la fecundidad, y la muerte. También ese día se celebraba en Alejandría el nacimiento de Eón, de la virgen Core, y esa fecha también estaba consagrada a Osiris. Según una leyenda, en ese día las aguas del río Nilo poseían poder de curación por parte de los dioses.

¿Cuándo llega la Navidad? También dicha fiesta tuvo origen en las primeras discusiones teológicas contra la secta de los gnósticos –en quienes algunos ven a los primeros teólogos del cristianismo, aunque sus escritos acabaron quemados y ellos perseguidos-, los cristianos más ortodoxos admitían que Dios se había manifestado en la persona de Jesús ya desde su concepción virginal y, por tanto, en su nacimiento. Y comenzaron, desde inicios del siglo IV, como aparece en un papiro encontrado en Egipto, a celebrar también la Navidad. Pero como se ignoraba la fecha, la juntaron a la del bautismo; así, durante mucho tiempo, se celebró la Navidad el 6 de enero.
¿Cuándo comienza pues, a celebrarse la Navidad el 25 de diciembre, separándola de la fiesta del bautismo o de la Epifanía? No existe certeza absoluta de dicho cambio. Todo parece indicar que fue tras haber condenado, en el Concilio de Nicea (325 d.C.), la doctrina que negaba que Jesús Dios se había hecho hombre. Con dicha condena quedaba excluida la doctrina de que la divinidad apareció en Jesús sólo durante el bautismo.

Había que buscarle una fecha diferente a la Navidad, pero ¿por qué se decidió que fuera el 25 de diciembre? Según el relato que el evangelista Lucas hace del nacimiento de Jesús no podría haber nacido antes de la primavera de Palestina. Cuenta Lucas que en el momento en que Jesús nació "había unos pastores acampados al raso, guardando por turnos sus rebaños". Y eso, debido a los inviernos fríos de aquella región, sólo pasa a partir de la primavera. De ahí que, en el mismo siglo IV, se hubiesen propuesto fechas para el nacimiento de Jesús en abril y junio. También se piensa que debió nacer cerca de las festividades de la Pascua, ya que el evangelista dice que nació en un pesebre, "porque no encontraron sitio en la posada", y las posadas se llenaban precisamente en vísperas de la Pascua, cuando los judíos se dirigían a celebrarla en Jerusalén. Todo ello en el supuesto –aceptado por la Iglesia oficial- de que el relato de Lucas es histórico y no sólo literario.

La razón por la que la Iglesia primitiva, a pesar de dicho relato evangélico, decidió celebrar la navidad el 25 de diciembre tampoco es de ciencia cierta. Todo hace parecer que los cristianos, aconsejados por el emperador Constantino –que de perseguidor se convirtió en el gran defensor de la nueva religión cristiana-, escogieron el 25 de diciembre porque era la fecha de la gran fiesta pagana dedicada al Sol. También el 25 de diciembre se celebraba, en el Imperio Romano, un culto solar en el seno de la religión de Mitra. Dicha fecha había sido el momento cuando todo el mundo pagano celebraba la fiesta de la luz y del sol, se hacían grandes hogueras y grandes bacanales. Entonces, los seguidores del profeta judío decidieron cristianizar la gran fiesta pagana del Sol estableciendo, en ese día, el nacimiento de quién, según dijimos, el profeta Malaquías había indicado que sería el "sol de justicia" de Israel.

A partir de entonces, la Iglesia de Roma hizo grandes esfuerzos para imponer la fecha del nacimiento de Cristo, separándola de la fiesta teológica del bautismo de las restantes Iglesias orientales. Pero todo hace pensar que no fue fácil ya que muchas se resistieron, incluso hasta en nuestros días. La fiesta de la Navidad, separada ya de la del bautismo, se contaminó enseguida de las fiestas al Sol adquiriendo algunos de sus rasgos más paganos y festivos.

La verdad es que anteriormente a los romanos, la fiesta del 25 de diciembre era celebrada por otras culturas, y existen tradiciones de la Navidad que no nacen de la festividad cristiana, como la de los regalos, que suele atribuirse al relato de los Reyes Magos que llevaron obsequios al Niño Jesús. En los ritos paganos del 25 de diciembre era tradicional "dar y recibir regalos". Se trata de una tradición que existía siglos antes de Cristo y que el cristianismo acabó apropiándose de ella. Hay hasta quien piensa que el relato evangélico en el que se narra que unos magos llevaron de regalo a Jesús oro, incienso y mirra fue creado para aplicar a la leyenda del nacimiento de Cristo la antigua costumbre pagana de cambiarse regalos en la fiesta del solsticio de invierno, el 25 de diciembre.

Otra cuestión difícil de resolver es el año en el que nació Jesús, a pesar de que nuestro calendario actual arranca paradójicamente en un momento que desconocemos. La fecha y el año de Navidad fueron decididos por Dionisio el Exiguo en el año 525 después de Cristo. Aquel decidió basar su calendario en el nacimiento de la fecha de Jesús, sólo que su problema era que tampoco sabía el año en que Jesús había nacido. ¿Qué hizo?, servirse de toda una serie de cálculos y adivinanzas personales. Se apoyó en la historia romana para hacer su cálculo. Sumó hacia atrás los reinados de los emperadores, método que ya se había usado, por ejemplo en Egipto: el reinado de los faraones para calcular fechas históricas. El método podría haber sido válido si Dionisio no se hubiera equivocado. ¿En cuanto?, por lo pronto en un año, ya que se olvidó de calcular el año cero. Aún más, César Augusto, que era emperador cuando nació Jesús, reinó también cuatro años bajo su nombre propio de Octavio, algo que Dionisio olvidó a la hora de hacer sus cálculos. Por tanto, ambos errores suponen una diferencia de cinco años. Por eso, si Dionisio no cometió otros errores que desconocemos, Jesús nació el año cinco antes de nuestra era. O sea que hoy estaríamos por lo menos en el año 2013.

Hay quienes consideran a Jesús como el fruto y elaboración de un mito, y piensan que los relatos de la Navidad, de los evangelistas oficiales y de los mismos evangelios apócrifos, nacieron más bien para aplicar a la nueva religión, nacida del judaísmo, los mitos de las religiones más antiguas con el fin de ganar mayores adeptos. Y no están muy lejos de la realidad, ya que no es trivial que se eligiera el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento del jefe de una nueva religión que, desde muy antiguo, era “la fiesta de iniciación” en la que los fieles del paganismo comían alimentos sagrados y bebían vino para obtener la salvación y la salud, gracias a la diosa de la Tierra, y alcanzar así la resurrección en el más allá.

Para estos no creyentes la Navidad sería, pues, una metáfora religiosa heredada de otras fiestas antiquísimas de las religiones agrícolas. Metáfora religiosa que, según explica Francisca Martín-Cano Abreu en su trabajo sobre el significado astronómico del arte prehistórico y la religión, relata la culminación de la historia de la agricultura, en la que Jesús, al igual que Buda, Horus, Carpo, Sida, Misa y Libera, se identifica con el fruto de la Virgen Diosa tras haber sido también semilla que convierte en fruto.

Según esta mitología, el mismo relato de Lucas, en el que aparecen un asno y un buey en el pesebre, donde nació Jesús, tendría relación con la diosa soberana de los Animales, que da a luz entre animales. La iconografía cristiana imita la obra de arte pagana y en muchos casos le cambia el significado a las escenas. Por ejemplo, el famoso árbol de la vida de las antiguas religiones fue cambiado por “el árbol del bien y del mal”, y hasta acabó condenando la manzana, que era símbolo de inmortalidad, como fruto maldito.

Todas las religiones primitivas se basaban en los hechos de la naturaleza, en la observación de los astros y en las estaciones ligadas a las cosechas. De ahí que en el nacimiento de las religiones aparezcan siempre elementos de la astrología. Así se explicaría que Los Evangelios hubiesen introducido en el nacimiento la historia de la estrella misteriosa que condujo a los magos hasta el pesebre donde Jesús había nacido. Una narración sin duda mítica, sin explicación científica alguna.

Lo más probable es que también al contar la historia del nacimiento de Jesús se hayan introducido elementos de las antiguas mitologías. Baste recordar que muchos siglos antes de Cristo, el dios Mitra, según una leyenda popular, había nacido de una virgen el 25 de diciembre, en una cueva, siendo adorado por pastores y magos, obró milagros, fue perseguido, lo mataron, y resucitó al tercer día.

De ahí la historia tan poco probable de que Jesús naciera en un pesebre entre animales, visitado por tres reyes magos (El Evangelio no habla de reyes, sino de magos orientales), o el de la estrella que los siguió, de la huida a Egipto y de la matanza de los inocentes por mano de Herodes.

Actualmente sigue sin haber consenso sobre la fecha de nacimiento del Nazareno, pero una de las teorías más aceptada es que sucedió a mediados de septiembre (siempre y cuando se descarte la teoría de que Jesús nunca fue real). El pastor chileno Miguel Mondaca, un estudioso de La Biblia explica la teoría:

Es notorio, según el relato bíblico, que Jesús no nació en invierno, porque “(...) había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño (...)” (Lucas 2:8). Los pastores estaban, por consiguiente, en el campo con sus rebaños a la intemperie y esto sería imposible el 25 de diciembre, recordemos que en el hemisferio norte el invierno comienza el 21 de diciembre y en el hemisferio sur empieza el verano.

Los estudios de las costumbres de las tierras bíblicas muestran que los pastores en Palestina traían sus rebaños del pastoreo en el campo a los rediles siempre antes del 15 de octubre, esto da prueba de que es imposible el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, a menos que la Biblia mienta, cosa que todos los verdaderos cristianos rechazamos tajantemente. Por lo visto, estamos ante una fecha fraudulenta y mentirosa que ha usurpado por dos milenios un lugar que no le corresponde en el corazón de los cristianos.

La Biblia no indica en forma específica la fecha exacta del nacimiento de Jesús, sin embargo nos da los medios y la clave para aproximarnos a una fecha más real. En efecto, sabemos positivamente que Jesús es menor que Juan el Bautista, su primo, en exactamente seis meses (lea cuidadosamente esta evidencia bíblica en Lucas 1:24-38).

Elizabeth tenía ya seis meses de embarazo cuando María concibe en su seno sobrenaturalmente a Jesús. La importancia de este dato cien por ciento escritural es que se puede determinar en forma bastante aproximada la fecha del nacimiento del bautista. Zacarías, el padre de Juan, era un sacerdote que ejercía su ministerio en Jerusalén. El ritual judío establecía que cada sacerdote tenía un tiempo definido del año en que servía en el templo. Existían 24 divisiones o cursos de servicio durante el año religioso y este dato es ratificado por el escritor e historiador judío Flavio Josefo, quién en su libro “Antigüedades de los judíos" dice que cada uno de estos turnos o cursos de servicio duraban una semana y que después de seis meses cada sacerdote repetía su turno sirviendo en total dos veces al año (1º Crónicas 24:7-19).

El relato de Lucas, en el primer capítulo de su evangelio, declara que Zacarías pertenecía a la clase de Abías y servía en el templo según el orden de su clase (Lucas 1:5,8). La fecha del año correspondiente a esta clase era el octavo en orden, de acuerdo a 1º Crónicas 24:10. Es decir, entre el 27 de Iyar y el 5 de Siván, que en nuestro calendario equivalen a la semana del 1 al 8 de junio.

Después de esta semana, Zacarías debió quedarse a ministrar por siete días más porque era obligación de todos los sacerdotes prestar servicio conjunto en las grandes fiestas religiosas (Pentecostés en este caso). Cuando cumplió su ministerio volvió a su casa, distante 45 kilómetros al sur de Jerusalén, en las montañas de Judea, Y SU ESPOSA CONCIBIÓ (Lea Lucas 1: 23-24). Según estos antecedentes, Juan fue engendrado a mediados del mes de junio, entre el 16 y19 del mismo; por lo tanto nació nueve meses después, a mediados del mes de marzo.

Sabemos que Jesús era menor que Juan en seis meses (vea Lucas 1: 26,36). Si añadimos seis meses a contar de marzo, veremos que la fecha del nacimiento de Jesús corresponde a mediados del mes de septiembre (entre el 16 y 19), fecha que está en consonancia con el relato bíblico de los pastores y sus rebaños en el campo, porque evidentemente no era invierno, sino comienzos del otoño en el hemisferio septentrional.

Entonces, si Jesús NO NACIO en diciembre, resulta muy extraño que la cristiandad recuerde su natividad en una fecha que no corresponde para nada con la verdad, la Historia sin embrago nos da la respuesta a esta infamia: el 25 de diciembre era el día en que los paganos celebraban el nacimiento de su DIOS SOLAR, conocido en las diferentes culturas con distintos nombres como Osiris, Horus, Júpiter, Zeus, Baal, Zoroastro, Saturno, Baco, Adonis, Hércules, Mitra, Tammuz, etc.

La religión pagana tomaba al sol como fuente de la vida, como la noche más larga sucedía alrededor del 21 de diciembre y desde ahí poco a poco la noche se acortaba, se adoptó desde los ritos babilónicos la costumbre de celebrar el 25 de diciembre el nacimiento del dios sol, fuente de la vida el sexo y la fertilidad.

Hoy la Navidad cristiana ha adquirido una connotación que no tenían las religiones primitivas que celebraban el 25 de diciembre las fiestas paganas del Sol: su carácter de búsqueda de paz para el mundo. Por eso, incluso personas de otras religiones o no creyentes se sienten atraídas por esta festividad que evoca la solidaridad, la ayuda a los pobres, la unión de las familias, y la búsqueda de paz interior y exterior. Paradójicamente, esta Navidad vuelve a coincidir con el enfrentamiento entre religiones justo en los lugares que, según la tradición, vieron nacer, crecer y morir –y para los cristianos resucitar- al famoso profeta de Nazareth que había soñado con un mundo donde los hombres supieran respetarse como hijos de un mismo Dios, al que él apellidó Padre.

10 abril, 2008

Trapitos al sol por Juan XXII


Desde que la Iglesia Católica se fundó hubo Papas asesinos, genocidas, envenenadores, descuartizadores, inquisidores, simoníacos[1], nepotistas[2], sobornadores, codiciosos, corruptores de menores, perseguidores de brujas, heresiarcas[3], prevaricadores[4], vendedores de cargos eclesiásticos, ladrones, parranderos, concubinos, violadores y abusadores de peregrinas, casadas, viudas y doncellas; Matriarcas engendradoras de Papas, Papas hijo de Papa, Papas sobrino de Papa, Papas hermano de Papa, Papas tío de Papa y Papas nieto de Papa, etc.
La lista de calificativos y adjetivos puede ser interminable, pero lo cierto es que, como vicarios de Cristo, ejercieron su poder e influencia sobre toda la cristiandad. Algunos duraron muchos años en el papado, otros no llegaron a su coronación, pero cada uno dejó su marca en las historia, ya sea para bien o para mal.
Desde la perspectiva de nuestros tiempos parecería que no hubo Papas buenos ni malos. Solo peores. Pero hay que tener en cuenta el contexto histórico donde ocurrieron los hechos.

Hay un dicho popular que afirma “una acción mala tapa diez buenas” y sobre cosas malas hubo un Papa que sobresalió y superó incluso a sus predecesores.
Jacques Duèze, alias “Juan XXII de Aviñon[5]”, hijo de un zapatero de la localidad francesa de Cahors, estudió teología y leyes en su ciudad natal, en Montpellier y en París, para después convertirse en profesor de Derecho en Toulouse.
Luego de una carrera prometedora siguió ascendiendo en la jerarquía eclesiástica hasta que lo eligieron Papa en 1316.

A) Fue ampliamente conocido por firmar tratados respetando la letra pero violando el contenido;
B) Repartió puestos eclesiásticos entre su parentela, incluyendo a su hijo.
C) Supersticioso como pocos y amante de la astrología estudiaba las cartas astrales de sus enemigos, comparándolas con las propias, para actuar en los momentos en que los astros estuvieran a su favor.
D) Para solventar los gastos papales estableció una constitución sobre las “taxae sacrae paenitentiariae”, donde especuló con los pecados de los religiosos.
Un ejemplo simple de esta norma impositiva fue:
Si un eclesiástico comete pecado carnal, con una monja, con una pa­riente, o incluso con una mujer cualquiera (porque también esto sucede), podrá obtener la absolución con sólo pagar sesenta y siete liras de oro y doce sueldos;
Y si comete actos bestiales, deberá pagar doscientas liras, pero si sólo los comete con niños o animales, y no con hembras, la multa se reducirá en cien liras. (Aclaremos esta cuestión; Niños varones y animales machos es mas barato. Qué hipócrita, ¿no?, no vaya a ser que estas cuestiones les manche la hoja de entrada al cielo).
Y una monja que se haya entregado a muchos hombres, ya sea al mismo tiempo o en distintas ocasiones, fuera o dentro del convento, y que después quiera convertirse en abadesa, deberá pagar ciento treinta y una liras de oro y quince sueldos...
Estas medidas revolucionarias lograron que el hasta entonces enclenque tesoro de San Pedro engordara sus arcas como garrapatas prendida a un perro paralítico.
Amante del esplendor se mando a construir un pala­cio con lujos que antes sólo podían atribuirse al emperador de Bizancio o al Gran Kan de los tárta­ros.
Sus congéneres lo apodaron el “Rey Midas”, por que todo lo que tocaba lo convertía en oro, y lo guardaba en sus arcas en Aviñon.
Con sus excesos financieros se ganó la enemistad de los franciscanos seguidores de la “pobreza apostólica[6]”, entre ellos se encontraba el famoso filósofo nominalista inglés Guillermo de Occam, a quien excomulgó y obligó a buscar refugio en la corte de Luis IV de Baviera.
E) Emitió una bula declarando que el sagrado derecho a la propiedad precedía a la caída de Adán y Eva y que en el nuevo testamento Cristo sí tuvo bienes.
Apoyado en su teoría acosó, persiguió, excomulgó y masacró una infinidad de seguidores de “sectas mendicantes”, a los cuales acusó de herejía[7]. Entre ellos, por supuesto se encontraron los franciscanos “espirituales”;
F) Como si fuera poco, a nuestro vicario de Cristo se le ocurrió sostener, que los justos no verían el rostro de Dios luego de su muerte (Visión Beatífica).
Esta última teoría, expresada en su época, tuvo el mismo efecto que apalear un panal repleto de abejas africanas.
En respuesta a tanto atropello ya lo iban a condenar sus enemigos por herejía, en un concilio general que le estaban armando, cuando se murió. ¿Se animan a adivinar quienes se lo iniciaron?... Pues sí, los Franciscanos.

Juan XXII en su innovadora interpretación del Apocalipsis (versículo noveno - capítulo sexto) afirmó que los santos, inmediatamente después de la muerte, no verían el rostro de Dios en su esencia hasta el momento del juicio final. Su visión escatológica también afirmó que ni el cielo o el infierno estaban abiertos.
Esto significó que todos los santos, sobre los cuales se fundaron las órdenes católicas y sirvieron como ejemplo de virtud y devoción para toda la cristiandad, estaban flotando, junto a las almas de los impíos, herejes y demonios, en un estado de inconsciencia indefinida hasta el incierto momento del fin de los tiempos. ¿Dónde?, Bajo el altar de Dios.
También le pinchó el globo a los vendedores de reliquias religiosas quienes movían fortunas con su comercio.
En su lecho de muerte y en presencia de sus cardenales se arrepintió respecto de la visión beatífica. (Tal vez se estuviera sintiendo santo).
Para los que se interesen les trascribo algunos fragmentos del planteo teórico de la cuestión, expresado por la pluma de famoso historiador Maurice Druom[8]:

Según sostenía “Los doctores nos aseguran que, después de la muerte, las almas de los justos gozan inmediatamente de la visión beatífica de Dios, que es su recompensa; Pero las Escrituras nos dicen también que, llegado el fin del mundo, cuando los cuerpos resucitados se hayan reunido con sus almas, seremos juzgados en el Juicio Final. Hay en esto una gran contradicción. ¿Cómo puede Dios, omnipotente, omnisciente y perfecto, juzgar dos veces al mismo caso en su propio tribunal y apelar su propia sentencia?. Dios es infalible, e imaginar una doble sentencia por su parte, lo que implica una revisión y posibilidad de error, es a la vez impío y hereje […]. Además, ¿no conviene que el alma no entre en posesión del goce de su Señor hasta el momento en que, reunida con su cuerpo, ella misma sea perfecta en su naturaleza? […].
Los Doctores se equivocan. No puede haber beatitud propiamente dicha ni visión beatífica antes del fin de los tiempos y Dios sólo se dejará contemplar después del Juicio Final […]. Pero hasta entonces, ¿donde se encuentran las almas de los muertos?. Seguramente iremos a esperar sub altare Dei, bajo ese altar de Dios del que nos habla San Juan en el Apocalipsis […].
Porque si el paraíso está vacío eso cambia singularmente la situación de los que son declarados santos o bienaventurados […], pero lo que es cierto para las almas de los justos, forzosamente lo es también para las almas de los pecadores. Dios no podría castigar a los malos antes de haber recompensado a los buenos […]. Actualmente ningún alma habita en el infierno, puesto que no se ha pronunciado la condena. Esto quiere decir que, de momento, el infierno no existe […]. Esta postura concuerda con la intuición, común a la mayoría de los hombres, de que la muerte es una caída en un gran silencio oscuro, una inconsciencia indefinida; una espera sub altare Dei.
[9]”.

Sin duda la historia del cristianismo es una de las más fascinantes, escandalosas y oscuras fases por las que transitó la humanidad, al menos en Occidente. Gracias a los concienzudos cronistas, en sus distintas épocas, podemos llegar a reconstruir fragmentos de un pasado sepultado por los siglos pero aun latente en nuestras vidas cotidianas.
Este culto fue amasando su poderío montado en montañas de iniquidades, pactos turbios, absoluciones simoníacas, reyes sobornados, e incluso puestos a su voluntad o excomulgados.
La Iglesia que conocemos actualmente es el resultado de 2000 años de crecimiento darwiniano y a diferencia de su fundador (Jesucristo) resucitó más de una vez e hizo alardes del dicho “lo que no mata fortalece”.
Desafortunadamente, esta loable institución, se ganó una sombría reputación; No por sus ideales sino por las personas que la condujeron.

Sin embargo los gobiernos y religiones que la precedieron y posteriormente convivieron con ella no fueron mejores.
Hoy los motivos y los instrumentos son distintos, posiblemente más refinados y difíciles de detectar que antaño, pero la ambición y codicia de los hombres no ha menguado.


[1] Compra o venta deliberada de cosas espirituales, como los sacramentos y sacramentales, o temporales inseparablemente anejas a las espirituales, como las prebendas y beneficios eclesiásticos. (Real Academia Española).
[2] Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos. (Real Academia Española).
[3] Autor de una herejía. (Real Academia Española).
[4] Que pervierte e incita a alguien a faltar a las obligaciones de su oficio o religión. (Real Academia Española).
[5] La sede papal se trasladó a Aviñón (Francia) entre 1309 y 1376 por problemas entre distintos partidos de Italia.
[6] Llamados también “Franciscanos Espirituales”
[7] En Aviñón se han exhibido crucifijos en los que se ve a Jesús con una sola mano clavada, pues con la otra toca una bolsa que cuelga de su cintura, para significar que Él autoriza el uso del dinero con fines religiosos.
[8] Los Reyes Malditos III. Los venenos de la corona. (Ediciones B).
[9] Durante su papado, Jacobo Duèze (Juan XXII) sostuvo hacia la mitad de su pontificado, en diversos discursos y estudios, su tesis sobre la visión beatífica.

20 marzo, 2008

Reflexiones sobre la Semana Santa


Desde niños nos enseñaron que las Pascuas eran un momento muy divertido del año en donde podíamos faltar a la escuela, o salir de vacaciones y comer conejos o huevos de chocolate hasta el hartazgo, sin explicarnos que el verdadero origen de esta celebración sería festejar la resurrección de un hombre inocente que fue flagelado, atormentado, insultado, denigrado, rechazado por sus pares, coronado con espinas, obligado a arrastrarse con un pesado madero al lomo hasta el lugar en donde sería clavado, colgado hasta morir y ensartado con una lanza romana que le perforó el corazón.
Según los creyentes este pobre cristo, porque cristos hubieron muchos, recibió el castigo por todos los pecados del hombre. Sin embargo le agradecemos su sacrificio y pretendemos recordar sus padecimientos en un ambiente festivo en el que nos atiborramos con vino, comida y excesos. Si esto no es morboso no sé como llamarlo, pero es la manera actual de festejarlo.
Por fortuna éste no es el verdadero origen de las Pascuas, ya que las mismas se originaron en el pueblo judío y se remontan al éxodo emprendió desde Egipto hacia la Tierra Prometida.
El registro bíblico dice que la noche anterior a su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía. Posteriormente, instituyó lo que se conoce como la "Cena del Señor", y dijo a sus apóstoles "Sigan haciendo esto, en memoria de mi" (Lucas 22:19). La Cena del Señor debía celebrarse una vez al año; con ella se conmemoraba la muerte de Cristo.
Los primeros cristianos celebraban la Pascua del Señor, al mismo tiempo que los judíos, durante la noche de la primera luna llena pascual (del día 14 de abib), del primer mes de primavera (14-15 de Nisán).
A mediados del siglo II, la mayoría de las iglesias habían trasladado esta celebración, al domingo posterior a la festividad Judía.
El Viernes Santo y el día de la Pascua no empezaron a celebrarse como conmemoraciones separadas en Jerusalén, hasta finales del siglo IV.
Fueron los primeros cristianos quienes transformaron la Pascua judía en la fiesta cristiana de la resurrección de Jesús de Nazaret, celebrada el domingo siguiente al plenilunio pascual (21 de marzo – Equinoccio de primavera en el hemisferio norte), variando de esta manera entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Esta fiesta determina además el calendario móvil de otras celebraciones, incluidas entre ellas Carnaval (que se festeja el fin de semana anterior al Miércoles de Cenizas), la Ascensión (la subida de Jesús al cielo) que se realiza 40 días después de Semana Santa y el Pentecostés, 10 días después de la Ascensión.

Sin embargo no podemos pasar por alto el carácter profundamente penitencial que ha tenido desde siempre esta celebración, en donde el ayuno, la meditación y la concurrencia a misa fueron su eje central.
Actualmente, a causa de la degradación de las costumbres es frecuente escuchar a las personas considerar a Semana Santa y Pascuas como festividades cristianas que no tiene vinculación entre sí pero que son motivos para excursionar y sufrir de empacho.
A riesgo de ser considerado mas papista que el Papa, quise escribir estas líneas para aquellos que no saben o han olvidado su significado, con el fin de que las vuelvan a considerar como una maravillosa conjunción de ritos, cultura, creencias y leyendas del imaginario colectivo.
La Semana Santa debe ser considerada como una gran fiesta cargada de significados y simbolismos religiosos, pero también de reuniones y encuentros familiares.
La misma comienza a finales de marzo o principios de abril con el denominado “Domingo de Ramos” y finaliza siete días después con el “Domingo de Resurrección”.

Domingo de Ramos
Es el primer día de la semana de festejos y uno de los más importantes debido a que este día representa la llegada de Jesús a Jerusalem. Los escritos establecen que Jesús llegó montado sobre un borrico, preludio de su Pasión. Al llegar a la Tierra Santa, sus fieles lo recibieron con fervor y gran entusiasmo, por eso este día, tanto en las procesiones como en las iglesias, los creyentes llevan ramas de olivo o de palma, como un símbolo de la fe renovada. Estas palmas se juntan en muchas iglesias para luego ser quemadas más adelante como la fuente de las cenizas usadas en los servicios del Miércoles de Ceniza.

Lunes Santo
El Lunes Santo es un día crucial, no tanto en los festejos y liturgias, sino en su significado histórico. Luego de haber pasado la noche en Betania, Jesús vuelve a la cercana Jerusalem y se dirige al templo, pero lo encuentra convertido en un mercado, lleno de comerciantes dispuestos a hacer negocios entre ellos. Viendo el fatídico espectáculo que tenía frente, Jesús se enfrenta a los vendedores y los echa del lugar, argumentando que era un lugar sagrado al que había que respetar; un lugar donde se iba a rendir culto.

Martes Santo
El principal suceso del Martes Santo fue el anuncio de la muerte del Señor. Ese día se hallaba Jesús en casa de Simón, el leproso al que había curado milagrosamente. Durante la cena una mujer hace su entrada en la casa, era María. La mítica mujer arroja un perfume sobre los pies de Jesús, luego los besa y seca con sus cabellos. Al ver esta escena, las personas de la casa se encolerizan con ella, diciendo que el perfume podría haber servido como mercancía para vender y beneficiar luego a los pobres. Sin embargo, ante el asombro general, el Señor defiende a María diciendo: "Esto ha sido como una preparación para mi entierro". El mito cristiano sostiene que es en este momento en el cual anuncia Jesús su muerte, causando un gran pesar entre sus discípulos.

Miércoles Santo
El Miércoles Santo es el día de la entrega y la traición. Este día se recuerda el momento en que Judas, uno de los doce discípulos del Señor, se pone de acuerdo con los enemigos de Jesús y se ofrece a entregarlo a cambio de 30 monedas de plata. Es el comienzo de la mortal confabulación.

Jueves Santo
Se trata del primer día del Triduo Pascual. En este día la Iglesia Católica conmemora la institución de la Eucaristía en la Última Cena de Cristo. Durante los oficios de ese día se celebra el lavatorio de pies, y la Eucaristía se reserva en el "monumento", un altar eucarístico construido ex-profeso, y en la que se mantendrá hasta el oficio del Viernes Santo. El lavatorio de pies representa el momento en que Jesús llega al Cenáculo y lava los pies de sus discípulos uno a uno. Una vez en la mesa se celebra la misa, donde el Señor ordena a sus apósteles sacerdotes y les indica que de ese momento en adelante ellos celebrarían la misa. Cuando finaliza la cena, Jesús se despide de su madre y sale en dirección a un huerto de olivos, acompañado de algunos discípulos. Esa misma noche, Jesús es entregado por Judas y puesto en prisión donde lo interrogan durante toda la noche. Ese es uno de los días más importantes de la Semana Santa y su festejo incluye procesiones desde la madrugada hasta el día siguiente, el Viernes Santo.

Viernes Santo
Es un día crucial en la liturgia cristiana y la conmemoración de la muerte de Cristo en la cruz. Luego de su encarcelamiento Jesús es sometido a un juicio, donde sufre torturas aberrantes. Es en ese mismo momento donde recibe la corona de espinas sobre su cabeza y le cargan la cruz. Así, Cristo recorre la ciudad de Jerusalem con la pesada cruz de madera en dirección al Calvado. A horas del mediodía el Señor es crucificado. Más tarde, para certificar su muerte le clavan una lanza confirmando el fallecimiento. A la noche, los fieles desclavan el cuerpo de Cristo y lo entregan a su madre, para finalmente depositarlo en el sepulcro. Ese mismo día Judas, arrepentido de su traición, se ahorca y acaba con su vida. Durante el Viernes Santo se realiza la adoración del Árbol de la Cruz y el Via Crucis. Es el único día del calendario litúrgico donde no se celebra la eucaristía.

Sábado Santo
Día de la Semana Santa en el que la Iglesia católica conmemora a Jesús en el sepulcro. El sábado Jesús yacía en su tumba para el desconsuelo de los apóstoles que estaban convencidos de que todo había acabado. Mientras tanto, su madre recordaba las palabras del Señor cuando predecía "Al tercer día resucitaré". En este día tiene lugar una de las principales celebraciones religiosas de todo el año: la Vigilia Pascual, que se realiza luego de las 6 pm. La Vigilia es la más grande y santísima noche del año, la celebración antigua más importante y más rica de contenido. En ella se vela para expresar que los fieles siguen en la espera, en la vigilancia y en la esperanza de la venida del Señor, del cumplimiento del nuevo y definitivo paso con él.

Domingo de Resurrección
Se acuerdo con los escritos cristianos, el Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús salió de su sepulcro. Este hecho es fundamental para los creyentes. La historia cuenta que en cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia. Mientras tanto, Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que habían tenido la noche anterior se transforma en un júbilo general. Rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos y todos permanecen con la Virgen en espera del gran momento de volver a encontrarse con el Señor.

Desgraciadamente, para muchos cristianos y el resto de la sociedad, el motivo para festejar la Semana Santa y las Pascuas pasó de ser un momento solemne, donde recordar el sacrificio efectuado por el Hijo de Dios y su resurrección, a realizar miniturismo y reunirse en grupos a romper los huevos de chocolate o ver quien le come la cabeza al conejito.
No hay que ser un fundamentalista cristiano, pero lo cierto es que, bajo la superficialidad del consumismo, se va perdiendo el sentido religioso de ésta y otras celebraciones.
Es lamentable notar la creciente hipocresía que sumerge a nuestra comunidad en un hediondo lodazal, en donde el descreimiento y la pérdida de ancestrales costumbres son reemplazadas por festivales engañosos importados de cualquier parte del mundo que desnaturalizan nuestra imagen folklórica y cambian la identidad de una nación.
No hay que perder de vista que la religiosidad o la necesidad de creer en un ser superior es una parte muy importante para que las personas puedan conservar y cultivar la espiritualidad ya que sin su auxilio el ser humano se sumergiría en una profunda depresión al no poder asimilar o racionalizar los violentos cambios de nuestros tiempos.

Friedrich Nietzsche, en el siglo XIX imaginó un hombre liberado de los prejuicios religiosos, de las censuras dogmáticas y del peso de la autoridad bajo la figura del “Superhombre”.
Actualmente la pérdida de religiosidad no es tanto obra del “Superhombre” sino del “Super-Mercado”.
[1]
[1] DEL “SUPERHOMBRE” AL "SUPERMERCADO"- Reflexiones sobre Nietzsche en clase de filosofía
CÉSAR ROLLÁN, profesor - MADRID.
http://eclesalia.blogia.com/ 7/3/2008.

17 julio, 2006

El monopolio es el peor enemigo de la monogamia

Este artículo pretende mostrar como las relaciones de pareja están regidas por los mismos principios que los mercados de competencia perfecta e imperfecta, en nuestra sociedad.

Si entendemos a una pareja de individuos, como la unidad básica para establecer una relación, vamos a notar que en ella los miembros se comportan bajo las normas de los mercados. Es decir que la vinculación subsiste siempre y cuando se produzcan intercambios de bienes y servicios deseados por ambos, buscando de esta manera satisfacer sus necesidades particulares.
Los problemas comienzan cuando, en determinadas circunstancias, uno de ellos obtiene el control en forma monopólica del suministro de los bienes y servicios solicitados por su par.

Como en todo monopolio el demandante está en desventaja absoluta y sujeto, sin remedio, a la oferta del otro, ya sea en cantidad, calidad y frecuencia de suministro. Es por ello que, ante el desabastecimiento o la insatisfacción del demandante, se pueden dar al menos 4 opciones a saber:
1) Que el intercambio de los restantes bienes y servicios sea lo suficientemente bueno y abundante como para compensar la insatisfacción de la demanda, logrando, de esta manera, continuar con la relación sin mayores problemas.
2) Que el individuo insatisfecho tome una postura proteccionista y restrinja o monopolice la entrega de bienes y servicios deseados por el otro. Este conflicto de intereses solo puede ser resuelto por medio de la negociación, ya que ninguna de las partes querrá resignar fácilmente aquello que le causa placer.
3) Si de la situación planteada en el punto anterior no se logra alcanzar una solución satisfactoria a ambas partes y la infelicidad producida por el mal suministro de los bienes o servicios deseados es lo suficientemente significativo, se dará fin a la relación de pareja y cada parte buscará su satisfacción en otros proveedores.
4) Otra solución intermedia se daría cuando, mediante la negociación, no se lograra alcanzar un acuerdo favorable entre ambas partes y uno o ambos miembros salen a buscar bienes y servicios sustitutos, que su par no le brinda, en otras personas externas o ajenos a la pareja, ya sea con la anuencia o no del otro, modificando de hecho el vínculo que los unió originariamente.
Este tipo de comportamiento puede ser trasladado a grupos mayores de personas, siempre y cuando comprendamos que actúan colectivamente en vinculación con otro grupo distinto de individuos o una persona particular, en su búsqueda de satisfacción colectiva o singular.

En la sociedad actual los individuos promedio son bombardeados constantemente por los medios de comunicación, la publicidad y el marketing, animándonos a consumir bajo pautas, grabadas a fuego en nuestro inconsciente, que nos imponen el mercado. “Alcanzar mayor felicidad a medida que consumimos mayor cantidad de bienes y servicios” parece ser el paradigma reinante de nuestra época. Esta conducta perniciosa y engañosa tiene repercusiones profundas en la forma en que nos vinculamos con el resto de los individuos, nuestra familia, amigos, etc.
Algunos economistas y sociólogos llaman a este fenómeno “sociedad de consumo”, término que sirve para denominar a aquel tipo de sociedad que se corresponde con una etapa avanzada de desarrollo industrial y que se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios, disponibles gracias a la producción masiva de los mismos.

El concepto de sociedad de consumo está ligado al de economía de mercado y, por ende, al concepto de capitalismo, entendiendo por economía de mercado aquella que encuentra el equilibrio entre oferta y demanda a través de la libre circulación de capitales, productos y personas, sin intervención estatal.
La discusión sobre la bondad o maldad de la sociedad de consumo es más de carácter ético o ideológico que estrictamente económico, ya que si la economía es la ciencia encargada de satisfacer las necesidades humanas con los recursos disponibles, el problema es demostrar en qué medida la sociedad de consumo cubre nuestras necesidades, o bien destina muchos recursos valiosos a satisfacer deseos fútiles, dejando de lado cubrir necesidades mas etéreas como son las espirituales, buscando saciar apetencias individuales y cortoplacistas.

Una de las críticas más comunes sobre la sociedad de consumo es la que afirma que se trata de un tipo de sociedad que se ha "rendido" frente a las fuerzas del sistema capitalista y que, por tanto, sus criterios y bases culturales están sometidos a las creaciones puestas al alcance del consumidor. En este sentido, los consumidores finales perderían las características de ser personas humanas e individuales para pasar a ser considerados como una masa de consumidores a quienes se puede influir a través de técnicas de marketing, incluso llegando a la creación de "falsas" necesidades entre ellos.

La sociedad de consumo no sólo se refiere al consumo de bienes y servicios. La crítica a este tipo de sociedades viene dada por que ésta convierte a las personas en simples objetos para satisfacer las necesidades de otros individuos, pudiendo ser desechados, sin conmiseraciones, cuando pasaron de moda o cambiaron los gustos del mercado.
Esta misma situación se está presentando, con mayor frecuencia, en las parejas actuales ya que sus integrantes no pueden competir contra los modelos imperantes en el mercado. La idea de encontrar al amor de la vida, la persona que nos brinde seguridad y afecto, es reemplazada por la imagen de mujeres y hombres con cuerpos esculturales, siempre perfumados, ordenados y acicalados, exitosos en la cama y en sus oficios, con capacidad para comprar casas más grande o autos nuevos cuando se les da la gana, etc. Esta quimera no hace mas que profundizar la frustración, al compararla con la vida real, mientras que la pareja sigue sin darse cuenta que está inmersa en un círculo vicioso del cual solamente se puede salir si los sujetos toman conciencia de la situación.

Desgraciadamente son pocas las personas que entienden como funciona este mecanismo mientras que sigue creciendo el número de parejas divorciadas y familias desmembradas, siendo los más indefensos los que pagan el precio.

30 junio, 2006

Del eros platónico al eros electrónico.

Por Cristina Ambrosini

Nuestras ideas nunca son originales, son el producto decantado luego de largos siglos de elaboración de algunos mitos fundacionales. Entre ellos, se encuentra el mito de Eros, el amor, que encuentra su expresión más sublime y sublimada en Platón quien dedica al tema tres de sus diálogos: Lisis, Banquete y Fedro. En el siglo XX, Freud mediante, eros se identifica con la vida sexual y, en este terreno, pasa a ser parte del discurso de la ciencia y de la pseudociencia (ahora, sexólogos mediante). El tema no podía pasar desapercibido, tampoco, para los estudiosos de la era digital. Hoy en día se admite que Eros circula también por Internet, lo que permite hablar de un eros electrónico. De uno y del otro hablamos en este artículo.

En el Lisis Platón plantea el tema de la esencia de la amistad, que habría de desarrollar más tarde en sus diálogos de madurez al abordar la figura de eros. Su teoría de la amistad constituye el nervio de su posición política ya que la reconstrucción y el orden social solamente pueden ser llevados a cabo por un grupo reducido de hombres identificados en las mismas ideas que actuarían como una célula germinal de la nueva sociedad. Tal es el significado de la philía: una comunidad espiritual y ética. No debe olvidarse que la democracia ateniense, según la leyenda, fue fundada por una pareja de amantes, Harmodio y Aristogitón, unidos a vida o muerte por el eros. . Platón se declara partidario de la costumbre espartana de estas reuniones de hombres donde convergen Eros y Dionisos puestos al servicio de la educación de los jóvenes. El placer físico, que proporcionan tanto el vino como el amor a los cuerpos, el amor sensible, constituyen condiciones previas para que, en la marcha ascendente del placer, todo desemboque en el Eros filosófico. Si el placer físico, el amor a los cuerpos, no se transforma en amor espiritual (amor a las almas) no hay eros platónico pero, a la recíproca, tampoco resulta posible el amor espiritual aislado, sin enlace de éste con los estadios previos del amor físico a los cuerpos.
En Banquete (181) Pausanias establece una distinción entre el eros vil y el eros noble para justificar la pederastia como manifestación del eros masculino. Esta costumbre, proveniente de Esparta, procede de la vida en los campamentos guerreros. Al caer Esparta y disminuir su influencia, cosa que ocurrió después de la redacción del Banquete, la pederastia disminuyó tanto como los ideales que la sustentaban. En Ética y Política de Aristóteles ya no cumple ninguna función como factor educativo. Esto mostraría que Platón se encuentra, en el tratamiento del tema de eros, lo mismo que con los ideales de la polis, en una línea divisoria, en un período de transición entre la veneración de las viejas tradiciones griegas y su proyección sobre un nuevo mundo de valores.
Platón da el marco adecuado del discurso de eros en el simposio (banquete). Los simposios eran lugares donde la tradición homérica consagró el encuentro de la auténtica areté (virtud) masculina. Platón es el creador de una nueva forma filosófica del simposio. En Leyes, al comienzo de la obra, dedica un libro al valor educativo del beber y de las reuniones de bebedores
Eros es un gran daimon (202e), llena el abismo entre lo terrenal y lo divino y es el vínculo que mantiene unido al universo. A diferencia del resto de los dioses, Eros es filósofo aunque también se destaca como gran mago y encantador. Eros no se identifica con el objeto amado sino con el amante. El objeto de amor es siempre bello, gracioso, perfecto, bienaventurado, en cambio el amante es indigente, desea aquello de lo que carece. Con esta idea, Platón está aceptando el hecho de que en la divinidad misma es imposible el deseo y, en consecuencia el amor. Eros, es aspiración a lo divino ya que se trata de un ser menesteroso, incompleto, carenciado. La realidad divina, en su perfección, es incapaz de desear o amar, pues no existe en ella, como realidad perfecta, carencia alguna. Eros no es un dios, pero no por ello es un ser mortal o no es nada. En Eros, lo demónico, se presenta entonces como un principio que reconcilia inmanencia y trascendencia, lo superior y lo inferior, y posibilita así la unidad del ser en su dualidad.

Eros bajo la configuración del delirio, es una forma de superación de los límites de la carne, en el que “amar” es “ver y entender”. El desenfreno tiene múltiples nombres. Si es con relación a la comida, se llama glotonería y toma otro nombre cuando alude a la bebida. Si menciona al apetito que, sin control de lo racional, domina el estado de ánimo que tiende hacia lo recto y es impulsado ciegamente hacia el goce de la belleza y, poderosamente fortalecido por apetitos emparentados con él, es arrastrado hacia el esplendor de los cuerpos, y llega a conseguir la victoria en este empeño, se le llama Eros (238c).

El punto de inflexión entre lo físico y lo espiritual no es un punto de ruptura, para Platón, es parte de un interjuego cuya finalidad es una marcha ascendente hacia lo sublime. La mente del filósofo es “alada” (251c), supera la pesadez del cuerpo aunque no la elimina. Esta condición “fronteriza” caracteriza el delirio amoroso. El poder natural del ala es levantar lo pesado hacia donde mora el linaje de los dioses. Lo divino es bello, sabio y bueno y de esto se alimenta el plumaje del alma (246e).

Y aquí es, precisamente, a donde viene a parar todo ese discurso sobre la cuarta forma de locura, aquella que se da cuando alguien contempla la belleza de este mundo, y, recordando la verdadera, le salen alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí abajo, y dando ocasión a que se le tenga por loco. Así que, de todas las formas de “entusiasmo”, es ésta la mejor de las mejores, tanto para el que la tiene, como para el que con ella se comunica, y al partícipe de esta manía, al amante de los bellos, se le llama enamorado.

Los discursos sobre eros expresan esta aspiración hacia lo moralmente bello, la preocupación por la excelencia y perfección del amado.

Desde el eros platónico al eros electrónico

En nuestra época la ciencia se apodera del discurso sobre eros, pierde altura, desciende de lo sublime. Lo psíquico, lo que alude al alma, ya no se sitúa en las alturas del cielo platónico sino que ahora nombra las pulsiones sexuales. Ciertamente, a Freud no le tiembla el pulso al momento de usar los antiguos mitos griegos para darles una novedosa interpretación. Así y todo el propio Freud admite, con total honestidad intelectual, lo poco que conocemos acerca del amor que, aun para la ciencia, se mantiene como un misterio.
Tratando de develar, en parte, este misterio, encontramos a Román Gubert (Barcelona, 1934), quien nos habla del “eros electrónico”. Este sociólogo catalán ha publicado Historia del cine, El simio informatizado y La mirada opulenta, entre otros títulos y es llamado "el Mac Luhan o el Eco español”. En el El eros electrónico México, Taurus, 2000, analiza las implicaciones emocionales y afectivas de los nuevos medios en las formas de vida de la sociedad postindustrial. En este libro investiga los fenómenos que se están originando hoy día como la expansión pornográfica, los robots emocionales, los usos amorosos del correo electrónico, el cibersexo y los ensueños eróticos que la imagen digital propicia.Dice Gubert:
La red ofrece ciertas ventajas para la comunicación sentimental. Resulta ideal para los tímidos y los solitarios forzosos, como las personas que efectúan tareas nocturnas o viven en zonas despobladas. El anonimato estimula, además, la desinhibición social y la red permite así las relaciones entre extraños con más facilidad que las discotecas y los bares, en donde la mirada o la voz pueden flaquear. Es ideal para los tímidos e inseguros, además, cancela, por el anonimato de la comunicación, los efectos negativos del racismo étnico y de los racismos sociales de la fealdad, de la edad y de la enfermedad.
Al parecer, la antigua dicotomía platónica cuerpo-alma, se resuelve en una integración a favor del alma. Internet, vista como toda tecnología, como una prolongación del cuerpo, posibilita, como nunca antes en la historia de la humanidad, el vuelo del alma. Como dijimos en un artículo anterior, provisto de sus prótesis electrónicas, como un inválido equipado, el internauta puede dejar volar su alma sin sentir el peso de un cuerpo.
¿Se logrará, tal como lo percibe Paul Virilio, "un metacuerpo independiente de las condiciones del medio, en la medida en que el espacio real (la extensión del mundo propio pero también el espesor del cuerpo propio del individuo) pierda progresivamente su importancia en provecho del tiempo real de impulsos, de sobrexcitaciones nanotecnológicas que sucederán a los ritmos vitales"?¿Se modificará la estructura orgánica del cuerpo convertida en pixeles y lenguaje numérico proteiforme? ¿Los actuales procesos de simulación son tan solo el comienzo de una descorporización sistemática del placer: telesexo, sexo virtual, compromisos amistosos a través de la red de redes, amores ciber...? Todas estas preguntas no se le ocurrieron a Platón cuando imaginó a Eros como el alimento del plumaje de las alas del alma.


Virilio, Paul. El arte del motor. Aceleración y realidad virtual. Buenos Aires, Manantial,1996.

27 junio, 2006

¿Por qué un Jardín de Epicuro?

Por los editores

En plena época de dominación imperial macedónica -306 (ac)-, en que los lazos sociales y la política desaparecen en Atenas, el joven Epicuro, oriundo de la isla de Samos, compra una casa y un pequeño terreno, el Jardín (kêpos), donde cultivará la amistad (philia) y algunas hortalizas. En este ámbito funda una Escuela filosófica con la intención de rivalizar con la Academia y el Liceo aunque, a diferencia de éstas, no tiene pretensiones elitistas y allí se admitirán a personas de toda condición social, incluso mujeres y esclavos. Epicuro, a tono con los nuevos tiempos, centra su propuesta en el ejercicio de la autarquía, de la autosuficiencia, del dominio de sí mismo, ya que será ésta la auténtica medicina que libere al hombre de los placeres azarosos e inconstantes que, al fin y al cabo, son la raíz de todos los males. Para Epicuro, el objeto de la Filosofía es señalar aquello que produce placer(hedoné) ya que encuentra en éste el principio (arché) y el fin (télos) de la vida feliz. Entre todos los bienes, concede principal importancia a la amistad (philia), una de las virtudes más preciadas ya desde los tiempos homéricos, pero que ahora será situada como la principal fuente de placer y de felicidad para el sabio.
“la amistad va recorriendo el universo como un heraldo que nos conduce a la felicidad”
¿Cuál es el principal placer que asegura la presencia del amigo?: la conversación inteligente que garantiza el ejercicio de los placeres intelectuales. En una época donde desaparece el paraguas protector del espacio público, donde los hombres quedan a la intemperie, Epicuro parece sentirse impotente para cambiar el orden imperante, renuncia a la política para refugiarse en su Jardín con unos pocos, con aquellos que, unidos por los lazos de la philía, resisten las contingencias de la vida.
Sabemos que las personas, cada uno de nosotros, considerados individualmente, tenemos escasas posibilidades de cambiar el curso de la Historia, Acaso sea posible, en cierta medida, cambiar el curso de nuestras vidas. El hedonismo no es una filosofía de salón, es, más bien, un ideal de sabiduría, de intempestiva y heroica sabiduría. El hedonista sabe que el Jardín de Epicuro ya no es un refugio seguro y que un amigo es poco pero, dado lo menesteroso de la vida, puede ser muy valioso. El hedonista es un pesimista que no se resigna a seguir sufriendo. El hedonista es utópico, quimérico cuando sabe que éste no es el mejor de los mundos posibles y lucha por el mejor de los mundos imaginables.
En cambio, la gente, normalmente, es demasiado optimista al considerar que un discurso acerca de la felicidad o el placer es una frivolidad, es algo que no merece mayor reflexión. En tal caso, en un mundo de gente dichosa, conforme, autocomplacida, este lugar de encuentro y cultivo del placer del diálogo, es despreciable. Si no es éste tu caso, te invitamos a participar en este jardín (internet mediante) donde se cultiva el pensamiento.

26 junio, 2006

La Pascua y su evolución hasta nuestros tiempos

Este texto pretende llevar un poco de luz sobre los motivos que nos llevan a celebrar nuestra querida y esperada Pascua.

Fiestas como la Pascua o Pentecostés y otras son la terminal indudable de una evolución que, nacido con frecuencia en culturas no bíblicas, pasa a formar parte del carácter festivo del pueblo de Dios antes o al llegar a la Tierra Prometida, llegando a su plenitud en Jesús y la comunidad cristiana primitiva. Estas fiestas están tan enraizadas en el Antiguo Testamento que, sin éste como punto de partida, resulta imposible descifrar su profundo significado liberador. Por otra parte, el proceso que han seguido las fiestas del Antiguo Testamento, desde su origen hasta Jesús, tiene muchos puntos de contacto con la evolución de nuestras fiestas cristianas, auténticas celebraciones de la vida, que han sido bautizadas, "liturgizadas", y se han convertido en celebraciones de si mismas, lejos de la vida que las originaron. Es por ello que se torna necesario hacer unas aclaraciones previas.
Por celebración entendemos "la expresión comunitaria, ritual y alegre de experiencias y anhelos comunes, centrados en un hecho histórico o contemporáneo".
Según esta definición es fundamental para la fiesta que haya algo que celebrar (un hecho) y un grupo que celebre (una comunidad). El hecho que celebramos puede ser pasado o presente, pero la celebración lanza a los participantes al futuro (anhelo de que ese hecho pasado o contemporáneo siga produciendo efectos beneficiosos que se puedan disfrutar a partir de ahora). Toda fiesta debe tener, por tanto, una dimensión escatológica o apertura de la esperanza. Siendo la celebración una expresión comunitaria hace falta ponerse de acuerdo en el cómo de la misma (un rito), y por ser celebración debe tener carácter festivo, alegre, jubiloso (alegría).

Son, por tanto, ingredientes esenciales de la fiesta: un hecho, una comunidad, un rito y alegría esperanzadora.

LAS FIESTAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

De todas las fiestas del Antiguo Testamento podemos hacer dos grupos, a excepción del Sábado que forma un capítulo aparte como una verdadera institución judía:

1) Unas son de tipo familiar como la circuncisión, la fiesta de introducción en la vida religiosa del niño cuando éste lee por primera vez un trozo de la ley, llamada bar mitzvah, matrimonio, funerales.
2) Otras son fiestas nacionales. Las más antiguas de éstas son tres: Azimos, Semanas y Tabernáculos. La fiesta de Pascua quedó finalmente ligada a la de Azimos. Entre las posteriores se encuentran el Día de la expiación, la Fiesta de las luces, la de las Suertes.

Dada la abundancia de fiestas enumeradas nos vamos a ceñir al estudio de la fiesta de Pascua y Azimos, la más representativa de ellas, entre las de carácter nacional.

· La fiesta de Pascua y Azimos. Origen y evolución

Son muchos los textos bíblicos que aluden a esta fiesta. Unos son más o menos litúrgicos[1], otros históricos y se refieren a la celebración de las diferentes pascuas históricas[2], pero siendo dos fiestas distintas en su origen (Pascua-Azimos), vamos a estudiarlas por separado:

- La Pascua[3] era una fiesta de nómadas pastores o seminómadas. Se celebraba fuera del santuario, sin sacerdote ni altar. Consistía en el sacrificio de un animal joven para obtener la fecundidad y prosperidad del ganado. La víctima era asada a fuego, no se le podía romper ningún hueso. Con su sangre se untaban los palos de la tienda (más tarde, las jambas de las puertas), para así alejar amenazas o desastres, verdadero rito protector de peligros. En principio, el rito del sacrificio del cordero no incluía banquete. Al incluirse éste, se comía acompañado de pan sin levadura de los beduinos y hierbas amargas, hierbas del desierto, no hortalizas. Se cenaba con el atuendo de quien está preparado para una larga marcha: báculo de pastor en mano, lomos ceñidos, sandalias en los pies. La fiesta era de noche, noche de luna llena, la más luminosa.
Era una fiesta anual, fiesta de primavera, tiempo en que se salía con el rebaño a la búsqueda de pastos, momento decisivo y peligroso. El carácter de esta fiesta era cíclico (el eterno retorno de las estaciones) y tenía, en su origen, aire de ritmo mágico más que histórico.

- Los Azimos[4] aluden a la nueva cosecha. Esta fiesta indicaba el comienzo de la siega de las cebadas que se hace en primavera y culminaba en la “fiesta de las semanas”, fin de la cosecha, siete semanas después.
Para impedir que los espíritus nefastos del año anterior penetrasen en el año entrante, se descartaba toda la harina vieja y fermentada. Había que esperar a que la harina nueva fermentase sola para utilizar la nueva levadura. La espera duraba unos siete días, los días de los Azimos, es decir, días en que se comían los panes sin levadura, por no haber levadura disponible de la nueva cosecha.
Esta fiesta la tomaron los israelitas con toda probabilidad de los cananeos (Lv 23,10). Después de la conquista de Canaán, la Pascua de los nómadas se unificó seguramente con la fiesta agrícola de la primavera o Azimos y ambas fiestas cambiaron su significado originario.

De origen preisraelita (la Pascua) y cananeo (los Azimos) pasaron a ser una sola fiesta, fiesta de acción de gracias al Dios de la Alianza por la liberación de la esclavitud de Egipto, ya que en una primavera, Dios intervino para liberar a su pueblo de la esclavitud, comenzando así la historia de Israel como pueblo y como pueblo elegido. Esta liberación se consumó con la instalación en la Tierra Prometida. Las fiestas de Pascua y Azimos sirvieron para conmemorar estos acontecimientos (Exodo y Conquista o Asentamiento en la Tierra).
El sacrificio de los animales sustituye al de los primogénitos del pueblo; el exterminador pasa de largo ante las puertas rociadas con sangre; los panes Azimos indican las prisas de la partida; las hierbas amargas recuerdan la dureza de la esclavitud; el comienzo habitual del año para los nómadas (la primavera, trashumancia del ganado en busca de pastos) se convierte en el nuevo comienzo del año israelita (Ex 12,2).
Esta nueva fiesta, en su origen familiar, se hizo fiesta de peregrinación al templo tras la reforma cultual de Josías, fiesta nacional. El tiempo postexílico unió el degüello del animal en el templo con la comida sacrificial en la intimidad de la familia o círculos de amigos en las casas de Jerusalén, dándole así mayor importancia al sacrificio que a la casa.

De lo anteriormente expuesto se pueden destacar, en síntesis, los siguientes puntos:

Las fiestas de Pascua y Azimos eran fiestas nómadas o agrícolas en las que se celebraba cíclicamente el comienzo del año y la primera cosecha (en primavera). Estaban vinculadas, en su origen, a dos momentos cruciales importantes de la vida del pueblo (trashumancia del ganado y recolección).

Estas fiestas, al ser aceptadas e integradas por Israel, se purifican de lo mágico y supersticioso y se cargan, en un segundo momento, de contenido histórico: celebran, con ocasión del año o la cosecha nuevos, el nacimiento de un pueblo a la libertad (Exodo) y la instalación en la tierra (Conquista o Asentamiento). Nace así una nueva fiesta enraizada en la historia de la salvación, historia lineal, no cíclica.

De fiesta familiar (sin templo, ni sacerdotes) se convierte, en una etapa posterior, en una celebración cúltica nacional (sacrificio del cordero en el templo), entroncada en la vida (cena en casa). La fiesta se hace liturgia.

La liturgia tiende a crear un nuevo tipo de relación comunitaria en el pueblo: alegría, juego, abolición de barreras y diferencias sociales.
Estrechamente ligada a la historización de las antiguas fiestas agrícolas está la creciente acentuación del papel de integración social. Las fiestas se consideran en Israel como actos genuinamente humanos y promotores de humanidad. Esto viene subrayado sobre todo por el movimiento deuteronomista que evoca continuamente la alegría y el juego como factores determinantes de esas fiestas y quiere comunicar mediante ellas experiencias liberadoras y gratificantes. Además no sólo se promueve el efecto comunitario de las fiestas trasladando su centro ritual a Jerusalén, sino que el aspecto social se recalca también por la circunstancia de que durante los ritos deben caer las diferencias y barreras sociales al celebrar conjuntamente la fiesta. Así, los ritos no son un mero acto individual, sino que están ordenados al conjunto del pueblo de Yahvó.
En la liturgia festiva se actualiza constantemente el hecho salvífico pasado, convirtiendo la celebración en actual liberación del nuevo pueblo reunido o, lo que es igual, encuentro salvífico de Dios con su pueblo, garantía de futuras actuaciones salvíficas de Dios.

La fiesta de Pascua y Azimos es, como acabamos de ver, una auténtica celebración en el sentido más arriba expresado: celebración enraizada en la vida, en la historia del pueblo, convertida en experiencia de la liberación actual y garantía de futuras liberaciones.

Ahora bien, la pregunta es ¿qué relación tienen los íconos de la Pascua que hoy conocemos, tales como los huevos, las roscas y los conejos, con esta celebración? ¿Verdaderamente, se otorga hoy el mismo sentido religioso a este acontecimiento como en la antigüedad?.

LA PASCUA CRISTIANA, SU VINCULACIÓN CON LA PRIMAVERA Y SU UNIÓN CON OTRAS CULTURAS

Para los cristianos, la Pascua es la fiesta instruida en memoria de la resurrección de Cristo.
El registro bíblico dice que la noche anterior a su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía. Posteriormente, instituyó lo que se conoce como la "Cena del Señor", y dijo a sus apóstoles "Sigan haciendo esto, en memoria de mi" (Lucas 22:19). La Cena del Señor debía celebrarse una vez al año; con ella se conmemoraba la muerte de Cristo.
Los registros históricos demuestran que los primeros cristianos celebraban la Pascua del Señor, al mismo tiempo que los judíos, durante la noche de la primera luna llena pascual (del día 14 de abib), del primer mes de primavera (14-15 de Nisán).
A mediados del siglo II, la mayoría de las iglesias había trasladado esta celebración, al domingo posterior a la festividad Judía. El Viernes Santo y el día de la Pascua Florida no empezaron a celebrarse como conmemoraciones separadas en Jerusalén, hasta finales del siglo IV.

Las hogueras, el huevo y el conejo de pascua, origen y significado:

Una de las formas que utilizó el cristianismo, a lo largo de su historia, para poder conquistar nuevos pueblos fue asimilar sus costumbres paganas y fusionarlas con las celebraciones cristianas. Es por ello que no es de extrañar que los cristianos en su afán de adoctrinar nuevos esclavos en la fé hubieran buscado la forma de vincular las fiestas primaverales de otras culturas con la pascua cristiana.
Como ejemplo de ello voy a enumerar una serie de culturas que celebraban ritos primaverales y las particularidades de sus cultos y como fueros asimilados con el tiempo:
La primavera era una época sagrada para los adoradores fenicios del sexo. Los símbolos de la diosa de la fertilidad; "Astarté" o "Istar" eran el huevo y la liebre. En algunas estatuas se la representa con los órganos sexuales toscamente exagerados, mientras que en otras figuras aparece con un huevo en la mano y un conejo a su diestra.
La popularidad de esta deidad, se debió en parte a la amplia difusión que tuvo en la antigüedad la prostitución sagrada, como pare del culto.
En Cartago, se descubrieron urnas de colores brillantes, debajo de monumentos erigidos en honor a esta diosa, que contenían huesos carbonizados de niños y adolescentes.
Sucede que los padres de las pequeñas víctimas (por lo general, personas de alto rango y con títulos) esperaban que los dioses bendijeran sus riquezas e influencias, mediante estos sacrificios humanos.
Para los Ingleses "La celebración de la Pascua Florida recibió su nombre (Easter), en honor a Eostre, diosa germánica del alba y la primavera".
Cuenta la leyenda, que Eostre abrió las puertas del Walhalla, para recibir a Valder, conocido como el Dios Blanco, debido a su pureza y también, como el Dios Sol, porque se creía que su frente suministraba luz a la humanidad. Originalmente, estos ritos de la primavera fueron concebidos para "ahuyentar a los demonios del invierno".
Son notables las similitudes de los ritos; incluso la semejanza léxica y morfológica que tiene la palabra inglesa Easter (Pascua Florida), apenas diferenciada del nombre de la diosa pagana de la antigüedad fenicia.
Fue así como poco a poco, la tradición fusiona el significado cristiano con ceremonias paganas. Aquellos rituales, imposibles de desarraigar eran reasimilados bajo nuevas formas. El júbilo por el nacimiento del sol y por el despertar de la naturaleza, se convirtió en el regocijo por el nacimiento del sol de la justicia y por la resurrección de Cristo.

La introducción de celebraciones folklóricas en la liturgia cristiana, no dejan de asombrarnos. Sin duda, de todas las costumbres pascuales, la más popular es la de los huevos de Pascua.
Durante mucho tiempo, estuvo prohibido comer en Cuaresma; no solo carne, sino también huevos. Por eso, el día de Pascua, la gente corría a bendecir grandes cantidades de ellos, para comerlos en familia y distribuirlos como regalo, a vecinos y amigos.
Durante la Edad Media, en Semana Santa, era común que los censos feudales se pagaran con huevos. Y se estipulaba que el día de pago fuese el domingo de Pascua.
En Francia, por ejemplo, los estudiantes organizaban la "Procesión de los Huevos". Se reunían en parques y plazas y de allí partían hasta la iglesia principal. Durante el trayecto, golpeaban las puertas de las casas, para que cada familia les regalara huevos, que a posteriori serian bendecidor por un Cura párroco.
En esa época renacía el espíritu festivo. De las iglesias colgaban cientos de banderas y panderetas. Y cada joven llevaba colgado de su cuello, un cesto de mimbre lleno de huevos. Los más adinerados se hacían acompañar por jóvenes pajes, vestidos con telas multicolores de razo o de seda. La mayor parte de la colecta se destinaba para los hospitales de leprosos, o para los indigentes.
El ayuno era obligatorio. Por esta razón, se adopta la costumbre de cocer huevos y almacenarlos. Recién en la época del rey Luis XIV, se introdujo la idea de pintarlos, para después venderlos.
Entre los siglos XVII y XVIII, a la salida de la misa pascual, se ofrecían al monarca cestas cargadas de huevos dorados y decorados artísticamente.
En Hungría, era común que el lunes de Pascua, los pretendientes acecharan desde el amanecer a las jóvenes de su aldea, para llevarlas junto a las fuentes. Jugueteaban con ellas, las tomaban desprevenidas y les arrojaban en la cabeza un enorme cubo de agua. No conformes con esto, los muchachos reclamaban a sus víctimas una retribución, así que la joven debía entregarle a su pretendiente un huevo y un beso. Ciertamente, esta costumbre estaba mucho más asociada con los festejos de primavera que con el verdadero significado cristiano de la Pascua.
En cuanto al sentido religioso, en la historia, el huevo ha sido un elemento muy importante, dentro de las cosmogonías más primitivas.
En la India y en países semitas de la región oriental, el huevo ha representado el germen primitivo, escondido en el agua.
En la cosmogonía védica se cree que las aguas originarias se elevaron y dieron origen a un huevo de oro, del cual salió el creador del mundo.
En Egipto, el simbolismo del huevo se asemeja al mito griego de la Caja de Pandora. Se cree que el dios Osiris y su hermano, Tifón, lucharon respectivamente e introdujeron todos los bienes y males del mundo en un huevo. Al romperse el mismo, todos los males se distribuyeron por el planeta.
También en Persia, como en Grecia y Roma, era muy común pintar huevos y comerlos en las fiestas, en honor a la primavera.

Las hogueras de Pascua.
Originalmente, el incendio de hogueras, durante la época de la Pascua fue prohibido por la iglesia, por ser considerado como un símbolo pagano.
Sin embargo, en Irlanda, San Patricio introdujo esta práctica, con el fin de sustituir la costumbre de los druidas, de encender hogueras en honor a la primavera, por el símbolo del fuego religioso y cristiano, en honor a Cristo.
Este rito llegó a ser tan popular, que los Papas no tuvieron mas remedio que incorporarlo a la liturgia de la iglesia occidental, hacia las postrimerías del siglo noveno.


Conclusión:
Lo cierto, es que poco a poco se va perdiendo en todo el mundo, el sentido religioso de esta celebración. Y por otra parte, habrá que ver qué se entiende, tanto hoy como ayer, por "significado religioso", ya que lo religioso no es exclusivo de las religiones más importantes de la humanidad que han perdurado hasta la actualidad. La religiosidad, en todas sus formas, existe desde tiempos remotos y aunque sea reconfigurada bajo nuevas formas, nunca termina de perecer. En algunos casos, sobrevive en la exposición de este mundo caótico; pero también "otra" religión, de características antiguas, que subyace y que fluye como caldo de cultivo, desde las entrañas de la Tierra y la memoria.

Hoy la Semana Santa es para muchos, sinónimo de "mini-turismo". Y coma si fuera poco, desde el inicio de la Cuaresma, (los 40 días de preparación previos al domingo de Pascua), un tiempo supuestamente llamado al recato y a la penitencia, los obispos advierten la desnaturalización de esta conmemoración, provocada en parte por la continuidad de los festejos de carnaval.

Como quiera que sea, y pese a las distintas interpretaciones que tiene la celebración de le Pascua; este suceso continúa conmoviendo al mundo entero, creyentes o no. Porque más allá de lo sagrado o profano, la Pascua es una maravillosa conjunción de ritos, cultura, creencias y leyendas del imaginario y de la realidad.


[1] Ex 23,15;34,18-25; Lv 23,5-6; Nm 28.16-25; Dt 16,1-6; Ez 45,21-24.
[2] La pascua del Exodo (Ex 12); de Josué (Jos 5,1-12); de Josías (2Re 23,21-23); de la vuelta del destierro (Esd 6.19-22); de Ezequías (2Cr 30).
[3] La palabra "pascua" proviene según la Biblia de la raíz psh (cojear. andar con muletas, saltar): Dios saltó, omitió las casas donde se celebraba la pascua en la última de las plagas de Egipto (Ex 12.13.23.27). Pero esta etimo­logía bíblica es secundaria. De hecho, la pascua de la salida de Egipto no es la primera que celebraron los israelitas; se habla de ella sin previa presentación o explicación en Ex 12,21, como de algo ya conocido y preexistente.
[4] Los ázimos (massót) son panes sin levadura

Internet: un jardin de Epicuro en la sociedad del riesgo

INTERNET: UN JARDIN DE EPICURO EN LA SOCIEDAD DEL RIESGO
POR CRISTINA AMBROSINI

Introducción:


Modernidad, postmodernidad, modernidad tardía, son distintos nombres que intentan mentar este período de la Historia que nos toca transitar, caracterizado por el espíritu de novedad y de cambio. Sabemos que, en nuestra época, lo único permanente es el cambio mismo. Los sentimientos de inseguridad y desconfianza nos acompañan cada vez que debemos hacer el esfuerzo de adaptarnos a cada novedad tecnológica, de allí que hablemos de sociedad del riesgo. A los peligros para la integridad física de las personas, la sociedad industrial agrega otras amenazas para la vida cultural: la pérdida de sentido de los usos y costumbres tradicionales destinados a la constitución de la subjetividad. En este sentido, nuestra época se caracteriza por una expansión del riesgo y la incertidumbre ya que lo que se amplía es el campo de la experiencia donde podemos tomar decisiones que suponen la presencia de lo inesperado. En las sociedades contemporáneas “lo improbable resulta probable” ya que su principal característica es la pérdida del sentido del viejo orden cuando el nuevo orden es altamente precario. En nuestra época se produce una coexistencia problemática: la de la expansión de las opciones junto con la expansión del riesgo. El incremento de opciones se realiza a costa de la sensación de inseguridad y miedo por la irrupción de lo desconocido. El riesgo pasa a ser una categoría clave ya que alrededor de ella se estructuran mecanismos de producción, distribución y división de peligros.
La modernidad encarna un orden postradicional en el que la seguridad proporcionada por los usos y costumbres tradicionales no ha sido sustituida por ninguna certeza. Dado que en la modernidad algunos mitos fundadores han sido puestos al servicio de la fundamentación de prácticas culturales, podemos señalar nuevos mitos fundadores –globalización, reflexividad, planetarización-. Estos procesos están vinculados al desarrollo tecnológico-industrial, a la integración de mercados, a la creación de grandes mercados unitarios y a la siempre creciente velocidad de transportes y comunicaciones. Un componente esencial de estos procesos está constituido por la creciente integración comunicativa, basada en el aumento de los flujos de información.
Las nociones de confianza y riesgo adquieren especial relevancia en situaciones de incertidumbre y de elección múltiple. Especialmente por la incidencia de la comunicación electrónica, la copertenencia entre desarrollo individual y sistemas sociales se ha acentuado a la vez que la distinción entre lo local y lo global se vuelve problemática. La comunidad local deja de tener caracteres identificatorios al verse invadidas por objetos, costumbres y creencias provenientes de lugares remotos. En muchos sentidos, podemos hablar de un mundo unificado en las categorías de espacio y tiempo mientras coexisten formas nuevas de fragmentación y dispersión. No se trata sólo de la percepción de cambios sociales sino de la intuición de que estos cambios están fuera del control de los hombres. En este sentido afirma Anthony Giddens
Vivir en el mundo generado por la modernidad reciente es como cabalgar en los hombros de una divinidad destructora[1].
Los términos “confianza” y “fiabilidad” están claramente relacionados con la fe. Según Niklas Luhmann, la fiabilidad (trust) se relaciona estrechamente con “riesgo” ya que presupone el conocimiento de las circunstancias del riesgo.[2] En inglés “risk” puede haber llegado desde el español “risco”, palabra tomada del lenguaje náutico y aparece en testimonios a partir de la segunda mitad del siglo XVI. Los riesgos son la cara oscura de la modernidad y seguirán amenazando nuestras formas de vida mientras continúe el cambio social y tecnológico, con sus imprevistas consecuencias
Las nociones de contingencia, ambigüedad, efectos colaterales, permiten conceptualizar el dinamismo social y esta desconfianza básica es fuente de todo tipo de prejuicios y tabúes que se traducen en profundos cambios en las relaciones personales, en el amor y en la amistad, especialmente En los últimos años, la televisión y el ciberespacio se convirtieron en lugares privilegiados de contacto con el mundo, donde pasamos buena parte de nuestro tiempo y donde se escriben nuestras historias personales y colectivas. Al respecto dice Baudrillard
Vivimos en el mundo imaginario de la pantalla. Nosotros también nos hemos convertido en pantallas, y nuestra interacción se ha convertido en la interacción entre pantallas (...) Vivimos ya en una alucinación “estética” de la realidad[3].
En este mundo, compuesto de redes, donde deja de ser significativa la categoría de espacio para imponerse la del tiempo, hay una persona nueva, que se parece más a un nodo, atravesado por infinitas interacciones, que al ego cogito cartesiano, un yo unitario, soporte de sus representaciones.
Esta época, signada por la pérdida de confianza, por el auge del individualismo, por la devaluación de las ideologías y de destierro de las utopías no es, del todo, una novedad histórica. Si profundizamos en algunos de sus rasgos, podemos encontrar analogías y coincidencias con otra época también marcada por la ruptura de lazos sociales, por el desconcierto y la angustia, por el abandono de la vida pública y la búsqueda desesperada de seguridades en el ámbito privado: el helenismo[4].

El jardín de Epicuro

La victoria del rey Filipo de Macedonia sobre Atenas y Tebas, en el 338 (ac), dejó bien a las claras que todos los ideales de la polis pasaban a la Historia, ideales democráticos que, por su parte, ya habían entrado en crisis en la época de Sócrates. Los atenienses, tan orgullosos de su independencia y libertad, debieron someterse, sin remedio, a la hegemonía macedónica. Con la muerte de Filipo esto se agravó aunque Alejandro, después de darse el gusto de destruir Tebas, con Atenas fue indulgente y sólo estableció la tutela de un gobernador y una guarnición militar, por las dudas. El resto de las polis entendieron el mensaje y se sometieron. Luego de la muerte de Alejandro, perdidos definitivamente los ideales de la democracia, los destinos de los Estados ya no constituyeron el interés central de los ciudadanos, sino que el individuo ocupó el centro de la escena filosófica.
Atenas, la ciudad inventora de la democracia griega, es la que recibe al joven Epicuro, oriundo de la isla de Samos, en la época en que el espíritu cívico está completamente desgarrado En el 306 (ac) compra una casa y un pequeño terreno, el Jardín (kêpos), que en realidad, se parecerá más a un huerto, donde cultivará la philia y algunas hortalizas. En este ámbito funda una Escuela filosófica con la intención de rivalizar con la Academia y el Liceo aunque, a diferencia de éstas, no tiene pretensiones científicas sino éticas y allí se admitirán a personas de toda condición social, incluso mujeres y esclavos.[5] A diferencia de Platón y Aristóteles que hacen de la polis el eje de interés y destacan las virtudes del ciudadano, Epicuro, a tono con los nuevos tiempos, centra su propuesta en el ejercicio de la autarquía, de la autosuficiencia, del dominio de sí mismo, ya que será ésta la auténtica medicina que libere al hombre de los placeres azarosos e inconstantes que, al fin y al cabo, son la raíz de todos los males. Para Epicuro, el objeto de la Filosofía es señalar aquello que produce placer(hedoné) ya que encuentra en éste el principio (arché) y el fin (télos) de la vida feliz.
Epicuro pasa por ser uno de los principales representantes del hedonismo cuando afirma
1)la supresión del dolor produce un placer estable, en reposo, o catastemático. Con la definición del placer catastemático, como el placer que produce la ausencia de dolor, Epicuro se opone a Platón cuando concibe al placer como restauración (katástasis) en la contemplación de las Ideas.
2)existe el placer cinético, o en movimiento, como el regocijo o la alegría. Estos son placeres identificados con los sentidos e inferiores a los catastemáticos que los limitan. Si, por ejemplo, sentimos hambre, sentimos dolor; cuando lo saciamos, alcanzamos un placer catastemático pero, si seguimos comiendo y caemos en un exceso, para saciar el placer cinético, nos alejamos de la felicidad. En contra de los cirenaicos, Epicuro admite que el placer no es ilimitado. Como la carne (sarx) es irracional (álogos), argumenta Epicuro, necesita el límite (péras) impuesto por la mente (diánoia)
3)los dolores del alma son peores que los del cuerpo porque quedan grabados los del pasado y se puede sufrir por los futuros, en cambio, el cuerpo, sólo sufre por los dolores presentes. De allí que la felicidad esté asociada a la ausencia de dolores en el alma (ataraxia) y en el cuerpo (aponía) A diferencia de Platón y Aristóteles, para Epicuro, los placeres primarios y básicos, son los de la carne pues, mientras no haya estabilidad corporal, no podemos acceder a los placeres del alma. El placer del vientre (hedonés tès gastrós), no tener hambre, es la condición básica para poder disfrutar del resto de los placeres. Pese a la superioridad de los placeres del alma, que, gracias a la memoria, son más duraderos, éstos siempre serán referidos a los del cuerpo al servir de freno y limitación de los excesos que perturban la armonía del cuerpo y del alma.
Llegado el momento de erradicar los dolores del alma, Epicuro destaca la incidencia negativa de eros que es el amor apasionado y obsesivo por una persona que deberá ser rechazado por las angustias y zozobras que produce y para ello recomienda evitar la vista y el trato con la persona amada para que se desvanezcan todas las perturbaciones que provocan en el alma y que obstaculizan el logro de la ataraxia. Total, queda otra forma de amor no apasionado (tá aphrodisía) que responde a la satisfacción de necesidades elementales de la naturaleza que deben ser satisfechas. Lo importante es no dejarse dominar por las pasiones y ser prudente, para ello, la aphrodisía será el medio idóneo para descargar tensiones y satisfacer los placeres corporales e incluso recomienda aceptar la promiscuidad como un modo de evitar caer en las torturas de eros, que normalmente se obsesiona con una misma persona, lo que conduce al desasosiego del alma. Respecto al matrimonio, Epicuro recomienda la soltería o concretarlo siempre y cuando no medie más que conveniencia ya que lo importante, para el sabio, es no depender de nada ni de nadie. En definitiva, la ataraxia, estado que permite alcanzar la autárkeia, se alcanza a partir de la erradicación de las pasiones, de allí su concepción negativa de los sentimientos profundos y el rechazo del amor.
Cuando, por tanto, decimos que el placer es fin no nos referimos a los placeres de los disolutos o a los que se dan en el goce, como creen algunos que desconocen o no están de acuerdo o malinterpretan nuestra doctrina, sino al no sufrir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma. Pues, ni banquetes ni orgías constantes ni disfrutar de muchachos ni de mujeres ni de pescados ni de las demás cosas que ofrece una mesa lujosa engendran una vida feliz, sino un cálculo prudente que investigue las causas de toda elección y rechazo y disipe las falsas opiniones de las que nace la más grande turbación que se adueña del alma. Epicuro, Carta a Meneceo, 131,132
Epicuro, en su afán por combatir las enfermedades del alma, enuncia un tetrafármaco. Si Epicuro habla de un tetrafármaco, de un remedio, es porque supone que la gente está enferma, que sufre dolores que pueden erradicarse con una adecuada filosofía (phármakon tés psychés). La felicidad (eudaimonía) está caracterizada como “salud del alma” y puede servir de ayuda tener en cuenta estas cuatro afirmaciones
1)Los dioses no son temibles. No temer a los dioses. Los dioses existen pero residen en espacios intercósmicos, ajenos a las contingencias de la vida de los hombres. No hay que esperar de ellos ni premios ni castigos
2)La muerte es insensible. No temer a la muerte. La muerte implica la extinción de las sensaciones y la supresión del dolor, por lo tanto, no hay nada que temer en este estado. Si no podemos eliminar la muerte, ya que todo hombre está destinado a morir, podemos eliminar el terror que produce su idea. La tradición se había encargado de fomentar el miedo al más allá y Epicuro denuncia este tipo de ideas que causan miedo y enferman el alma La muerte no se siente, luego la muerte no es ni bien ni mal.
3)El bien es fácilmente accesible. No creer en la Providencia (pronoia).Según se desprende de la Física epicúrea y a tono con la tarea de desmistificación respecto a la tradición, rechaza la idea de destino. El hado, la necesidad, es visto ahora como un punto central desde el que inspirar temor a los hombres. Epicuro considera propio del sabio poder burlarse del destino, considerado como un ser todopoderoso. No hay teleología en el universo, su nacimiento y despliegue es azaroso y no responde a ninguna voluntad divina. Todo lo que ocurre es producto de las ciegas combinaciones de los átomos.
4) El mal es evitable. No enamorarse
Si el punto central de la Etica de Epicuro consiste en concebir al placer como ausencia de dolor, dentro de este marco debemos ubicar la importancia especial que concede a la amistad (philia), una de las virtudes más preciadas ya desde los tiempos homéricos, pero que ahora será situada como la principal fuente de placer y de felicidad para el sabio. La palabra philia, desprovista ahora de las connotaciones políticas que tenía para Platón y las sociales que encuentra Aristóteles, adquiere un significado universal
la amistad va recorriendo el universo como un heraldo que nos conduce a la felicidad (Gnomol.Vat., 78)
Mientras que eros debe ser abandonado porque provoca angustias y todo otro tipo de dolores, la philía procura una gran ayuda en un mundo extraño y hostil porque supone una especie de pacto de ayuda mutua que proporciona la alegría de saber que el otro estará allí siempre que lo necesitemos. El verdadero amigo es aquel que pone en peligro su propia ataraxia para ayudar al otro y puede, incluso, poner en peligro su propia vida, si fuera necesario, puesto que la amistad se conserva si el sabio puede amar a su amigo tanto como se ama a sí mismo. La lealtad del amigo es una de las mayores alegrías que puede proporcionar la vida al sabio.
¿Cuál es el principal placer que asegura la presencia del amigo?: la conversación inteligente, que garantiza el ejercicio de los placeres intelectuales.[6] La metáfora del jardín remite a la imagen de una vida segura, una vida tranquila, una vida no perturbada. A diferencia de Aristóteles, la felicidad no es concebida como realización de los deseos, sino, más bien, como sin perturbación porque, básicamente, el placer está entendido como ausencia de dolor.
Tanto para Platón como para Aristóteles, el ciudadano, el hombre, es fundamentalmente un miembro de la polis y, para ellos, sólo las bestias y los dioses pueden ser felices en soledad. Por el contrario, Epicuro defiende la idea de apartarse de la política porque acarreará grandes males y perturbaciones a quien se comprometiera en este tipo de causas. De ningún modo aceptará sacrificar el bienestar y la tranquilidad del alma en aras del estado. El sabio no aceptará cargos públicos, se limitará a acatar las leyes, no tanto porque las considere justas sino para no ser perseguido ni molestado. “Vive en lo oculto” (láte biósas), será uno de sus lemas. La política imperial de Alejandro impone una formación helénica en el mundo civilizado de la época. Las palabras hellenismós, hellenistés, hellenizein, no designan ya una raza sino un género de vida que se implanta en todos, griegos y bárbaros. Lo que distingue a los hombres, ya no es la pertenencia a un pueblo sino el hecho de participar de una educación cosmopolita y universal. Al consolidarse los nuevos poderes de facto, los horizontes de pertenencia políticos y de civilidad quedan desgarrados cuando las antiguas polis pierden la tan valorada autárkeía, tanto en el plano político como económico. A diferencia de Platón y Aristóteles, para Epicuro, el ideal del sabio supone a un individuo que puede vivir al margen de la vida cívica y ser feliz. El sophós representa al hombre apolítico que pertenece a un mundo ancho y ajeno, ya no identificado con un Estado, sino con una comunidad planetaria. La propuesta de Epicuro, finalmente coherente y completa, resulta crítica y desmistificadora respecto a la tradición aceptada, hasta el momento, por los filósofos. Sus innovaciones responden a una actualización y adaptación a la crisis de la época mientras que sus escritos reflejan la desilusión y el desengaño frente a la política, la religión y la moral tradicional que ya no aciertan a disipar la angustia frente a las amenazas de la vida social. El idealismo platónico se le presenta como el mayor fraude hecho a los hombres. Ve en esta escuela una cantidad de creencias sustentadas en supersticiones teológicas destinadas a infundir miedo, de allí su rechazo a sus principales postulados (existencia de dos mundos, la razón como camino privilegiado de acceso a la verdad, la existencia del alma inmortal, la sociedad organizada por los filósofos). La reclusión en el Jardín, el abandono del ágora, será el modo en que Epicuro intentará hacer frente a la pregunta ¿Cómo ser feliz cuando todo lo impide? En gran parte, encuentra la respuesta en la renuncia a los compromisos profundos, en el abandono de la lucha por conseguir aquello que está perdido para siempre, en la reclusión en la intimidad del Jardín. En una época signada por las guerras permanentes y las transformaciones sociales, Epicuro parece sentirse impotente para cambiar el orden imperante, renuncia al ágora para refugiarse en su Jardín con unos pocos, con aquellos que, unidos por los lazos de la philía, resisten las contingencias de la vida. En contrapartida, su filosofía trata de recuperar para el individuo lo que está perdido para la ciudad: la autosuficiencia y la autárkeia.[7]

Primero hay que saber sufrir, después amar......

A tono con las precauciones de Epicuro, Bronislaw Malinovki, advierte la conexión universal entre amor y dolor cuando afirma
El amor es una pasión tanto para el melanesio como para el europeo, que atormenta la mente y el cuerpo, en mayor o menor escala; conduce a muchos a un callejón sin salida, a escándalo o tragedia; más raramente, ilumina la vida y dilata el corazón que rebosa de gozo.[8]
Actualmente, desde el campo de la ciencia, el psicoanálisis aporta su teoría para justificar la conexión intrínseca entre el amor y el dolor. Según Freud, nunca estamos menos protegidos contra el dolor como cuando amamos[9] y cuanto más se ama, más se sufre. En esta paradójica situación Freud encuentra una condición constituyente de la naturaleza humana: el amor sigue siendo la premisa ineludible del dolor. Según la teoría freudiana, el sistema psíquico siempre está en tensión y el placer se identifica con la descarga incompleta y parcial de esta tensión. El deseo podría ser visto como esta misma tensión displacentera, totalmente orientada hacia una meta ideal: conseguir un placer absoluto, la descarga total de la tensión. El inconsciente se define, así, por el estado tolerable de insatisfacción del deseo, por el estado de falta, de hueco, que estimula el impulso de vida. El objeto amado, ubicado en ese punto central del inconsciente, como objeto organizador del deseo, no puede satisfacer más que parcialmente tal deseo, por lo que es, a la vez, amado, odiado y angustiante. Freud subraya hasta qué punto el ser amado es, en primer lugar, una instancia psíquica y hasta qué punto esta entidad es distinta a la persona real. Normalmente, el objeto amoroso es una persona, pero, primariamente, es esa parte ignorada e inconsciente de nosotros mismos que se desmoronará si la persona amada desaparece. Lacan utiliza la expresión “objeto a” para simbolizar el misterio del lazo amoroso. El “a” es un nombre para designar lo inasible del otro en nuestra persona. La persona amada, aquella que seduce, despierta y capta la fuerza del deseo, es un ser mixto, compuesto, en parte, por la persona real y, también, por su doble fantasmal, interior, fijado inconscientemente a través de múltiples representaciones simbólicas, en el lugar de la falta. De las dos presencias, la real y la fantasmagórica, predomina la segunda hasta el punto de que la existencia real de la persona amada se capta a través de la lupa deformante del fantasma. El apego al otro elegido, transformado en presencia fantasmal, es una soldadura que no prende en cualquier lugar sino, exactamente, en los orificios erógenos sin conseguir nunca satisfacerlos plenamente. En suma, en contra de la creencia de que el otro vendrá a satisfacer todos los deseos, el objeto amado es el que más produce insatisfacción. Al respecto afirma J.D.Nasio
Hay que saber que cuando amamos, amamos siempre a un ser híbrido, constituido a la vez por la persona exterior que trataremos por fuera, y por su presencia fantasmatizada e inconsciente en nosotros. Y, recíprocamente, nosotros somos para él el mismo ser mixto, hecho de carne e inconsciente[10]

Dentro de este marco teórico, la angustia sobreviene frente a la amenaza, siempre latente, de pérdida del objeto amado. En cambio, el dolor proviene de la fractura del fantasma, del desorden pulsional consecutivo a la ruptura de este dique de contención del deseo. [11]
El dolor psíquico es el deseo en estado de errancia y sin ejes que sobreviene, no tanto en el acontecimiento exterior de una pérdida fáctica, sino cuando descubro que mi deseo es un deseo loco y sin objeto, afirma Nasio
¿Cuáles son los ideales, irrealizables e infantiles, que dominan la relación amorosa y acentúan la distancia entre la soñada satisfacción y la efectiva insatisfacción? A menudo se espera que la persona amada, única e irrepetible, permanezca invariable, dependiente, sometida pero que, a la vez, cambie y se adapte a las necesidades siempre fluctuantes entre la pasión amorosa y el odio destructor. Tal combinación imposible no puede sino convocar la angustia, como respuesta frente a la falta imaginada, o el dolor que se identifica con una certeza, la de la ruptura de esa imagen interior construida sobre una amalgama de significantes.
A pesar de la constancia de ciertas características, a tono con los grandes cambios sociales –políticos, económicos, tecnológicos- el amor y la amistad aparecen bajo distintas configuraciones en la cultura occidental y permite vislumbrar las características de cada época. Repasar esta historia puede ayudar a reconocer algunos rasgos de nuestra condición actual y si no reparar, al menos entender algunos rasgos angustiantes de nuestra época..

Amor cortés, amor romántico, amor confluente

La desconfianza y las precauciones hacia las malas consecuencias de eros parecen propias de todos los tiempos y, de hecho, en la Europa premoderna la mayor parte de los matrimonios se realizaban por contrato, no sobre la base del amor ni de la atracción sexual, por considerar a éstos un fundamento demasiado endeble sobre el que construir una institución fundamental para el sostenimiento del orden social. Como toda cosa seria, el matrimonio era asunto de hombres. Los padres o algún hombre en posición paterna, como el señor del feudo, si se trataba de una viuda o de las hijas de un vasallo muerto, concertaban, con extrema precocidad, los sponsalia, ceremonia mediante la cual se concluía el pacto entre las dos familias. La moral y la costumbre permitían separar a la niña a partir de los doce años del círculo familiar para entregarla a su nuevo amo. En las clases pobres, el matrimonio estaba destinado a organizar los rigores de la vida laboral, donde quedaba poco espacio para el desarrollo de las pasiones. A semejanza con el vínculo feudal, donde el rey cedía el uso de la tierra pero no su propiedad, la ley del matrimonio establecía que Dios, dueño del cuerpo y del alma de las personas, concedía el uso del cuerpo de la esposa al marido pero se reservaba el poder eminente sobre el bien. De este modo, el marido tomaba posesión de este cuerpo, al estar autorizado para servirse de él, pero no para poseer espiritualmente a su señora ya que el amor quedaba reservado a la potestad divina. Según los eclesiásticos franceses del siglo XII debía haber un desdoblamiento en el matrimonio ya que el deber de la mujer sería el de compartir su cuerpo pero no compartir su amor que quedaba reservado a Dios.[12] En un punto parecen estar de acuerdo los eclesiásticos y juristas del siglo XII, en Francia: el matrimonio es la institución jurídica sobre la que descansa el orden social, el mantenimiento de las fortunas y la continuidad de los linajes. A tal institución no le conviene aceptar la frivolidad, la pasión, la fantasía y el placer y, si aceptase tales componentes en los vínculos conyugales, comenzaría allí su disgregación. A los esposos corresponde la affectio dilectio pero sin amor pasional puesto que en el matrimonio radica todo lo serio, lo severo, lo devoto, prudente y concienzudo. Dentro de este esquema, el amor queda situado fuera del matrimonio al ser visto como un juego que rehuye el campo del deber, de las obligaciones y las deudas para quedar adherido al plano de las aventuras y de la libertad masculina. Excluido del vínculo matrimonial, el amor queda asociado al disfrute de los placeres mundanos. Leyendo los relatos medievales, aparecen los relatos del amor cortés, el que puede ser visto como un juego de hombres, un juego formativo, una competencia, donde un hombre, generalmente joven, asedia a una mujer casada, en consecuencia inaccesible, prohibida por las más estrictas reglas sociales: las que protegen los patrimonios y los linajes. Al igual que en los torneos, el joven arriesga su vida para perfeccionar las virtudes viriles, para aumentar su valor, para probar su capacidad, para desarmar, derribar y finalmente vencer al adversario, donde la mujer es sólo un señuelo. El senior, el jefe de la casa, acepta poner a su esposa en el centro de la competencia, en una situación lúdica de primacía del poder y de jerarquía social puesto que sólo los caballeros podrán participar de este juego cortesano del que están excluidos tanto los sacerdotes como los plebeyos o los burgueses.[13] En última instancia, según la interpretación de los historiadores, los juegos del fine amour, excitado por las historias y relatos que circulaban en las cortes principescas, fomentaban la amistat, como decían los trovadores, la tan exaltada amicitia, promovida desde la tradición estoica y epicúrea, elogiada en los escritos de Cicerón[14] y rescatada por la vuelta al humanismo clásico en el Renacimiento. Acaso, en este triángulo, la mujer no fuera más que un intermediario, la mediadora entre el señor y el caballero para reforzar los lazos de la moral cortesana al disciplinar el deseo masculino dentro de un orden político.[15]
La modernidad introduce novedades, también en el plano de las relaciones sexuales, con la difusión de los ideales del amor romántico. El uso del término “pasión” adquiere matices propios, sobre todo a partir de la obra de Stendhal, distinto de su uso anterior, ligado al plano de lo religioso. Desde finales del siglo XVIII, el amor romántico introdujo un elemento novelesco[16] dentro de la vida individual y, de hecho, el surgimiento del amor romántico coincide con la emergencia de la novela, como género literario paradigmático de la modernidad, época que se identifica con el ascenso de la razón y el reacomodamiento del mundo de las emociones. Si en los términos tradicionales, dentro del matrimonio, predominan los lazos de la camaradería entre los esposos, al compartir la responsabilidad de sostener el patrimonio familiar, el amor romántico contribuye a consolidar esta alianza cuando presupone una comunicación psíquica, un encuentro de espíritus que es, básicamente, de carácter reparador ya que viene a completar una carencia en el plano de la identidad del sujeto. En contra del modelo anterior, ahora el matrimonio es “por amor” y se acuerda entre los miembros de la pareja, ya que, en este nuevo modelo, la identidad del yo espera su validación en el descubrimiento del otro. A diferencia del modelo anterior, donde la mujer es un elemento pasivo, cuando espera la llegada del “príncipe azul”, en el amor romántico se destaca la figura de la heroína que arbitra los medios para disolver la indiferencia del otro, a menudo lejano cuando no abiertamente hostil, hasta transformar el antagonismo en identificación y devoción.[17] El amor romántico es una apuesta destinada a controlar el futuro, de allí su conexión con el matrimonio, institución que ahora servirá para perpetuar una relación de implicación emocional entre dos personas de distinto sexo.
En los últimos años, el amor romántico –motivo básico para el matrimonio- se ve fragmentado y debilitado por el impacto de profundas transformaciones en la sexualidad femenina que él mismo ayudó a crear.[18] La sociedad de las separaciones y de los divorcios parece más el efecto que la causa de la aparición de otra forma de amor confluente, contingente, activo, que rehuye a las expresiones “sólo”, “único” y “para siempre”, a la vez que rechaza al modelo heterosexual como única imagen de la pareja. A la inversa del amor romántico, el amor confluente no espera la validación del yo en la presencia del otro, no es necesariamente monogámico e introduce el ars erótica en el seno de una relación conyugal que se mantiene “hasta nuevo aviso”. El matrimonio pasa a ser una institución devaluada y se mantiene en la medida en que contribuye a la satisfacción emocional mientras que la descendencia pasa a ser vista como un “elemento inercial”, un impedimento para la separación, antes que un motivo de consolidación del vínculo conyugal.
El matrimonio, ese contrato antes acordado entre parientes, en la modernidad, queda sujeto a la división interna del trabajo: el marido gana el sustento mientras la mujer se dedica al cuidado de los hijos y de la casa. Superadas ya las formas de vida feudal, los ideales del amor romántico propician la división del trabajo dentro de los vínculos familiares, confina a la mujer a la maternidad y propicia la idea de una individualidad imperfecta que se completa con la presencia del otro. Actualmente, rotas las diferencias de roles, el matrimonio deja de ser visto como una institución imprescindible para la planificación del futuro de las personas. La fecha del casamiento deja de ser importante dentro de las efemérides del calendario personal, afirma con no poca ironía Giddens.[19] Ya no se espera completar la identidad del yo en la consumación de una relación “de por vida”. La amistad moderna presenta estas mismas características, un amigo se define por ser una persona que se mantiene en una relación motivada por las recompensas de tal relación, sin el aporte de compromisos externos. Desprovista de elementos inerciales, la amistad pasa a ser vivida como una entrega destinada a mejorar la calidad de la relación misma donde se ha de mantener un difícil equilibrio entre la autonomía y el compromiso emocional. Frente a las debilitadas relaciones familiares, los amigos pasan a ser los principales depositarios de confianza e intimidad.

El narcisismo contemporáneo

¿Qué tan lejos estamos de la concepción del mundo propia del helenismo?
Actualmente asistimos a una revalorización de un yo narcisista y hedonista, que rechaza los compromisos afectivos justamente por el peligro potencial de sufrimiento y de dolor que convocan tanto el vínculo amoroso como los compromisos de largo plazo. La baja en la tasa de natalidad en los países más desarrollados es una indicación certera de las dificultades que tienen las nuevas generaciones para afrontar los riesgos de una relación comprometida. Mientras el mundo va tomando una apariencia más y más amenazante, la vida se convierte en una permanente búsqueda de la identidad, no ya en la relación con los otros sino a través de la auto-realización recurriendo a las dietas, las drogas, los ejercicios espirituales, la lectura de los manuales de auto-ayuda y la asistencia al consultorio del psicólogo o del psiquiatra cuando todo lo demás no surtió efecto.[20]
La muerte del espacio público es, para Richard Sennett, la causa de la omnipresencia del narcisismo, no entendido con la idea vulgar de admiración de uno mismo, sino como búsqueda constante de la identidad del yo que se frustra en la misma medida en que se vuelve compulsiva.[21]
Como en tiempos de Epicuro, la gente busca en la reclusión de la privacidad, en la vida personal, lo que se le niega en el ámbito público
Cuando las ciudades dejan de ser lugares de encuentro e identificación, los horizontes de la realización personal se desdibujan mientras se desvanecen los sentimientos de pertenencia política y de deber cívico. Al abandonar la expectativa de controlar el entorno social, las personas se repliegan en sus preocupaciones personales: la perfección de su cuerpo, la búsqueda de la estabilidad emocional, la evitación del dolor.
El declive de las relaciones familiares y de los lazos de pertenencia local está íntimamente relacionado con la aparición del narcisismo y el lugar de la autoridad patriarcal, del sacerdote o del sabio ha sido ocupado por los expertos psicoterapéuticos del narcisista, que es caracterizado por Christopher Lasch, de un modo bastante reconocible, como una persona continuamente molesta, que busca una intimidad instantánea (un estremecimiento emocional sin compromiso ni dependencia). El narcisista es promiscuo y a menudo también pansexual, dado que la fusión de impulsos pregenitales y edípicos al servicio de la agresión estimula la perversidad polimorfa. Las malas imágenes que ha internalizado hacen de él un individuo constantemente preocupado por su salud y, a su vez, la hipocondría le proporciona una especial afinidad para la psicoterapia y los grupos y movimientos psicoterapéuticos.[22]
Como en la época de Epicuro, ahora los psicólogos, sociólogos y filósofos vuelven la mirada hacia la amistad, como una tabla de salvación en medio del naufragio. La fiabilidad en los amigos (término opuesto al de “enemigo”) siempre fue importante al momento de crear alianzas para enfrentar un mundo potencialmente hostil, escaso de compromisos afectivos profundos ¿Cuál es ahora el lugar donde encontrarse con los otros, para conversar, para identificarse, para cultivar la philía?

La generación.com

En los años, ’90 la revolución tecnológica, en el campo de las comunicaciones, se ha basado en la instalación de novedosas “autopistas” donde podría transitar la inteligencia humana. Internet crea una nueva red comunicacional que puede transformar la vida económica y política de nuestras sociedades. En este nuevo universo, las reglas del juego y los requisitos para lograr la supervivencia están cambiando. Como en todo proceso de cambio, son tiempos de grandes oportunidades y peligros. Los poderosos nuevos medios de comunicación alteran la forma de socializarse y de tomar contacto con los otros. El término “generación de la red” o “generación.com” alude a las personas que habrán llegado a la mayoría de edad en la era digital. Esta generación adquiere destrezas en el uso de la red con la misma naturalidad con que un niño de los años ’50 aprendió a manejar el televisor con mayor facilidad que sus padres. Para estas nuevas generaciones podría no haber mucha diferencia entre la diversión y el trabajo, entre aprendizaje y juego, entre tiempo ocioso y tiempo remunerado. Infopistas, infovías o ciberespacio son distintas maneras de nombrar la web (World Wide Web).
La intromisión de la computadora, más allá de los ámbitos de trabajo, coloniza el tiempo libre de la gente, en todas las edades, pasando a ser parte de una novedosa forma de socialización, desconocida hasta ahora. En las horas de ocio, las personas consumen horas chateando animadamente con amigos que pueden estar en la otra punta del planeta y con los que intercambian tanto información como sistemas de creencias o usos lingüísticos. Las notas características de un sujeto centrado en una identidad fuerte se relativizan frente a las posibilidades de una comunicación no representativa, donde la descentralización es una nota común con el otro. La idea del “ciberespacio” rompe con las categorías tradicionales al imponer la sensación de un “lugar virtual”, que se define más por la interacción que por la propiedad o la extensión. En Internet desaparece el cuerpo ya que la red no transporta átomos sino bytes, entonces, ¿cuál es el cuerpo que se presenta en la navegación por internet fuera del cuerpo de la escritura o de las imágenes que nos muestra la pantalla? En este nuevo ámbito el sujeto se torna una continuación de la máquina y su virtualidad hasta el punto de propiciar la ausencia del nombre o el cambio del nombre o el uso de apodos ya que se puede “jugar” a asumir otra personalidad, otra edad, otro sexo. Hasta ahora, la comunicación estuvo ligada al uso de soportes “duros” (personas físicas, libros, cintas, discos) donde tenía sentido la distinción entre original y copia, entre realidad e imagen de la realidad. En cambio, en el espacio virtual, estas distinciones, impregnadas de valoraciones lógicas, sentimentales y jurídicas, tenderían a disolverse por completo hasta el punto de instalarse en la infovía una especie de no-lugar de pública disponibilidad de recursos. Una gran parte del tiempo empleado en internet se utiliza en una especie de “charla” planetaria donde el hecho de estar comunicado es más importante que el contenido de lo que se dice y, en este sentido, la interactividad propia del medio, rehabilita la existencia del diálogo. La posibilidad de tener a millones de personas en circulación, dialogando acerca de sus diferencias raciales, sociales o culturales, convoca la idea de un sistema caótico donde ninguna autoridad regula el tráfico. Interactividad, caos y globalidad constituyen los caracteres más salientes de la era digital. El navegante del ciberespacio invierte una buena parte de su tiempo para adentrarse en las procelosas aguas de la www, a pesar de los cada vez más rápidos servidores y programas, antes de encontrar los datos que necesita o terminar de conectarse en un diálogo interactivo.
Así como en los años anteriores el televisor llegó a merecer un lugar especial dentro del espacio doméstico, hoy en día la computadora usurpa parte de ese lugar totémico en el que tantas veces se inmolan los vínculos familiares, víctimas de la incomunicación, ya que una de las características de la computadora es su uso personal (personal computer), acentuando una de las principales características de la sociedad individualista: el aislamiento. El cibernauta no es sólo un navegante sino que es un navegante solitario. La realidad sobre la que opera es virtual y, en gran parte, un producto de su propia imaginación. Esto produce, en muchos casos, un verdadero efecto hipnótico cuando siente que es la pantalla quien le hace compañía[23], cuando se aísla de las personas con las que convive para conectarse con sus millones de amigos virtuales a los que siente tanto más íntimos que a los reales. En la generación de la red, millones de adolescentes, a punto de entrar al mundo productivo, permanecen largas horas on-line al sentirse miembros de una tribu universal mientras sucumben al aislamiento para entregarse a una realidad distinta e imaginativa que, a diferencia del mundo cotidiano, no les exige responsabilidades mientras desarrollan fuertes mecanismos de identificación con la máquina en el uso del ciberespacio. La revolución tecnológica está, en gran parte, protagonizada por los adolescentes, ellos son los que programan la máquina, la interrogan, a la vez que descubren los secretos de un mundo onírico con el que se identifican.[24] Superada la necesidad de la presencia física, el chat pasa a ser un curioso lugar para encuentros eróticos: no contagia virus biológicos, no exige salir a la calle ni exponer el cuerpo. La correspondencia on-line pasa a ser un nuevo género literario que, normalmente, crea la ilusión de una relación profunda cuando las piezas faltantes de esta comunicación “sin cuerpo” se completan con imaginación y fantasía.[25]
Lo virtual, ¿realidad o fantasía?

El ciberespacio aparece como una zona intermedia entre la realidad y la imaginación, un espacio de juego, de fronteras movedizas, un espacio de ilusión que lleva implícito, a la vez, la posibilidad de desilusión.[26] Por un lado, lo virtual se refiere a aquello que tiene una existencia aparente pero, por otro lado, instaura una realidad que logra surtir efectos sobre el mundo para transformarlo. En más de un sentido, el ciberespacio puede ser visto como una tercera zona, mediadora entre lo objetivo y lo subjetivo, un Spielraum, un espacio de juego.[27] Tanto mágico como siniestro, el mundo virtual del ciberespacio propicia la aparición de un nuevo tipo humano que Jeremy Rifkin caracteriza como alguien más interesado en tener experiencias excitantes y entretenidas que en acumular bienes, capaz de cambiar rápidamente de personalidad para adecuarse a cualquier nueva realidad –real o simulada-, que ya no reacciona como sus padres y abuelos, los burgueses de la era industrial.[28] Para este autor, en esta nueva era, la gente adquiere su identidad en forma de pequeños segmentos comerciales. En nuestros días, las actividades culturales que antes tenían lugar en la plaza se han recluido en lugares cerrados, convirtiéndose en una mercadería más. El shopping propone una nueva arquitectura para la asamblea pública, donde se confunde la democracia con la libertad del consumidor.
Lejos queda la dureza de una era dedicada a la explotación y transformación de los recursos físicos. La era posmoderna es más suave, más ligera, aliada del talento y los sentimientos. La conciencia racional se torna sospechosa, mientras que los deseos eróticos, ilusiones y sueños del inconsciente salen a la luz y se convierten en realidad o, mejor dicho, en hiperrealidad. Se muestra y ensalza la cara oculta de la fantasía. Es un mundo vuelto del revés. [29]
Los cambios fundamentales de la sociedad digital vienen determinados por la velocidad a que se producen: velocidad en la transmisión de información, en la transformación y perfeccionamiento de los sistemas, tanto de hardware como de software, en el creciente número de usuarios, lo que dificulta la capacidad de orientación o control del fenómeno cuando deja atrás incluso a los sistemas jurídicos. La voracidad del sistema impide la reflexión y convoca la improvisación generando un universo siempre distinto donde no hay dudas porque desaparecieron las certezas. La vida se descentra, a la misma velocidad en que los individuos se conectan al cada día mayor número de redes.
Vistos como un asunto político, el amor y la amistad, evidencian los modos de la socialización, en cada época. La nuestra, parece caracterizarse por la privatización de la pasión, es decir, por la reclusión en el ámbito de lo privado y la deserción de ese otro ámbito, el de la vida pública. En buena medida, gran parte de la socialización ocurre en internet, sin la mediación del cuerpo Como en el Jardín de Epicuro, los amigos se recluyen en la intimidad de una secta planetaria, justamente, en momentos de auge del narcisismo. Mientras los lazos sociales se debilitan, la gente busca, en la multiplicidad de las emociones cibernéticas, establecer vínculos de confianza y de identificación.
A semejanza con el helenismo, en nuestro tiempo, advertimos que la reclusión en la privacidad, la falta de compromiso, la evitación del dolor, son las respuestas resignadas frente a la impotencia por cambiar el orden del mundo. Tales actitudes pueden servir al propósito de “sobrevivir” cotidianamente pero difícilmente garanticen una vida placentera, si por tal se entiende la realización de un proyecto de vida que incluya el compromiso social. Para bien o para mal, en el abstencionismo político, en la decadencia de los ideales del amor romántico, en el aislamiento en grupos cerrados o sectas, encontramos rastros de Epicuro ya que, después de todo, las cosas no cambiaron tanto en estos últimos 22 o 23 siglos.

NOTAS
[1] GIDDENS, Anthony, Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza, 1993 y GIDDENS, Anthony, “Modernidad y autoidentidad”, en Las consecuencias perversas de la modernidad (Josetxo Beriain, compilador), Barcelona, Anthropos, 1996, pp.33-71
[2] LUHMANN, Niklas, El concepto de riesgo en Las consecuencias perversas de la modernidad,op.cit. pp123-153.
[3] BAUDRILLARD, Jean, Xerox and Infinity, Paris, Touchepas, 1988, p.7
[4] A partir de la obra historiográfica de J.G.Droysen Geschichte des Hellenismus (1836-43) se considera al helenismo como un período histórico con significación propia cuando, hasta el momento, se lo consideraba como un período de decadencia griega y de transición hasta la consolidación del Imperio romano. Este período comprende, normalmente, desde la muerte de Alejandro (323 ac.) hasta la época imperial romana donde destacadas figuras adoptan las distintas corrientes de la filosofía helenística. El término “helenismo” proviene del verbo griego hellenizein que significa “hablar griego” ya que la lengua fue el vehículo que permitió la diseminación de la cultura griega en vastos territorios, primero conquistados por Alejandro y luego implantada por los romanos los que, terminaron colonizados culturalmente por los griegos.
[5] Hay testimonios de la presencia de heteras, mujeres inteligentes y probablemente hermosas, en la secta. La más citada es Leontion (leoncito) capaz de presidir las reuniones o escribir un libro. Plutarco escribe sobre los hijos que tuvo Epicuro con la hetera de Cícico y la presencia de otras nombradas Mamarion,(la Tetillas) Hedia,(la Dulce). Erotion (la Amorcito), Nicidion (la Victorita), Boidion (la Vaquita). También se registra la presencia de un mancebo, el bello Pitocles, quien es destinatario de unos razonables consejos eróticos y en dos fragmentos de carta Epicuro confiesa esperar la llegada del joven como la de un dios. Ver FERNANDEZ GALIANO, Manuel, Epicuro y su Jardín, en CAMPS, Victoria, Historia de la Etica, tomo I, Barcelona, Crítica, 1988, p.256
[6] “También afirman que el sabio se apartará por sí mismo de la vida de un modo razonable, tanto por la patria como por los amigos, y también si se hallare en una situación de severo sufrimiento, de mutilaciones o de enfermedades incurables. Es para ellos cosa establecida que entre los sabios las mujeres deben ser comunes, de modo que aquel a quien le toque tenga relación con la que le toque, según dice Zenón en La República y Crisipo en el tratado Sobre la República, pero también Diógenes el Cínico y Platón. Amaremos igualmente a todos los hijos a la manera de padres y será suprimida la rivalidad por adulterio” DIOGENES LAERCIO, Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, 130, 131, en JULIA, Victoria y otros, Las exposiciones antiguas de ética estoica, Buenos Aires, EUDEBA, 2000, p.144-145
[7] “Ahora siguen en pie -termina García Gual- el malestar respecto a la cultura asfixiante, la repugnancia abstencionista hacia la política y la tendencia, que probablemente pagarán nuestros hijos, a un hedonismo ilimitado. Todo ello es Epicuro: bien o mal interpretado, pero Epicuro.” FERNANDEZ GALIANO, Manuel, Epicuro y su Jardín, en CAMPS, Victoria, Historia de la Etica, tomo I, Barcelona, Crítica, 1988, p.278
[8] MALINOWSKI, Bronislaw, Vida sexual de los salvajes del nordeste de la Melanesia, Madrid, Morata, 1975
[9] FREUD, Sigmund, El malestar en la cultura, t.XXI, p.82
[10] NASIO, Juan David, El libro del amor y del dolor, Barcelona, Gedisa, 1998, p.52
[11] El estatuto fantasmatizado del ser amado comprende las tres dimensiones lacanianas: lo real, lo simbólico y lo imaginario. “Real” no designa a una persona sino a lo que esa persona despierta en el inconsciente de otra, la fuerza que permite darle consistencia al yo de esa otra persona. Lo “simbólico” es el ritmo de esta fuerza que une a los enamorados “Si considero que el otro es irremplazable, es porque mi deseo se ha modelado progresivamente a las sinuosidades del flujo vibrante de su propio deseo (...) el otro simbólico es un ritmo, o incluso una medida o, mejor aún, el metrónomo psíquico que fija el tempo de mi cadencia deseante (...) el otro imaginario es una imagen que tiene la particularidad de ser una superficie pulida en la cual se reflejan mis propias imágenes.” NASIO, J.D., op.cit., pp52-53
[12] Así como en el estado conyugal la persona femenina se desdobla en el servicio del cuerpo para su marido y el amor para Dios, el hombre también se divide pero de una forma diferente. El impulso del amor también escapa para él del vínculo matrimonial pero no para sublimarse en lo espiritual sino en lo terreno, en los espacios del amor juego, libre, hacia la meretrix, hacia la amica. Ver DUBY, Georges, El amor en la Edad Media y otros ensayos, Madrid, Alianza, 1990, p.32 y siguientes.
[13] Los juegos del amor cortesano se divulgaron de modo creciente durante el siglo XII, los caballeros comenzaron a erotizarse al salir más a menudo de sus armaduras de guerreros para civilizarse y refinar sus modales y, en este proceso, las mujeres avanzaron poco a poco a un primer plano. La caballería, en su mayor parte, presuponía el celibato. Si la corte fue el lugar del deseo, la domina representa el premio mayor, si no de poseerla, al menos de destacarse y brillar ante ella
[14] Al igual que los estoicos y Epicuro, la época de Cicerón se caracteriza por la presencia de un imperio, de eclecticismo y de decadencia filosófica. Para Cicerón los amigos siempre son pocos, uno o dos, ya que se requiere un perfecto acuerdo de todo lo humano y lo divino, unido a un amor entrañable lleno de estima. Desdibujados, si no muertos, los ideales de la vida virtuosa, en el centro de la corrupción de la vida imperial romana, Cicerón encuentra en la amistad el mayor bien posible para asegurar la felicidad en la intimidad del contacto con unos pocos elegidos. Ver CICERON, De la amistad (De amicitia), México, Porrúa, 1978
[15] “Es lícito preguntarse si, en esta figura triangular, -el joven, la señora, el señor- el vector mayor, el que se dirige abiertamente del amigo hacia la dama no rebota en este personaje para dirigirse hacia el tercero, su verdadero objetivo, e incluso, si no se proyectaba hacia éste sin rodeos. Las observaciones de Christiane Marchello-Nizia en un buen artículo obligan a plantearse la siguiente pregunta: en esta sociedad militar, ¿no fue en realidad el amor cortés un amor de hombres?” DUBY, Georges, op.cit., p.72-73
[16] roman, novela. Los ideales del amor romántico se difunden a través de las novelas del siglo XVIII, principalmente consumidas por mujeres.
[17] El amor romántico es un amor feminizado donde los hombres parecen pasivos en esta transición. En tiempos anteriores, los hombres asumieron que protagonizaban la historia mientras que las mujeres existían fuera del tiempo, haciendo siempre lo mismo. Los hombres, influidos por el amor romántico, sienten que han sucumbido al poder femenino. Al respecto afirma Anthony Giddens “En la modernidad, los hombres buscaron la identidad en el trabajo, y se equivocaron –siempre hemos de añadir que en general- al no entender que el proyecto reflexivo del ego implica una reconstrucción emocional del pasado para proyectar una narrativa coherente con el futuro. Su dependencia emocional inconsciente con las mujeres era un misterio cuya respuesta estaba en las mismas mujeres. La búsqueda de la dependencia quedó ligada con esa dependencia desconocida. Lo que los hombres deseaban es algo que las mujeres habían ya logrado en alguna medida. No me maravilla que los autores masculinos, incluido el narrador de My Secret Life, se hayan obsesionado con el secreto de que sólo las mujeres podrían revelar, sin que la acumulación de conquistas amorosas consiga revelarlo en absoluto”. GIDDENS, Anthony, Las transformaciones de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas, Madrid, Cátedra, 1995, pp.62-63
[18] El amor romántico supone la posibilidad de la igualdad entre los sexos. Las mujeres se hicieron especialistas en el tema de la intimidad, propicia la libertad sexual. Son las mujeres las protagonistas del experimento social que supuso la emancipación femenina, ocurrida en los siglos XIX y XX.
[19] GIDDENS, Anthony, Modernidad e identidad del yo, Barcelona, Península, 1994, p.111
[20] “¿Qué quiere decir que el cuerpo ha pasado a formar parte de la reflexividad de la modernidad? Los regímenes corporales y la organización de la sensualidad en la modernidad reciente se abren a una atención refleja continua que aparece en el trasfondo de la pluralidad de elecciones. Tanto la planificación de la vida como la adopción de opciones de estilo de vida se integran –en principio- en los regímenes corporales. Sería muy miope ver estos fenómenos tan sólo como ideales cambiantes de la apariencia corporal (como en el caso de la delgadez o el aire juvenil) o considerar que han sido generados únicamente por la influencia mercantilista de la publicidad” El estudio de la anorexia nerviosa es considerada una nota relevante dentro de este enfoque. GIDDENS, A., Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea. Barcelona, Península, 1995, p.132
[21] SENNETT, Richard, Fall of Public Man, Cambridge, Cambridge University Press, 1977
[22] LASCH, Christopher, The Culture of Narcissism,Londres, Abacus, 1980, pp.85-86
[23] “El comportamiento, el lenguaje, la conducta general cambian. Encerrado en la oscuridad de su pequeño gueto doméstico, un cibernauta avezado puede durante horas envolverse en la ilusión de que su núcleo de amigos, sus preferencias, sus intereses, sus manías, sus amores y hasta sus odios viven encapsulados en esa especie de nueva bola de cristal a la que puede castigar mudándose de sitio ....¿Puede? Numerosas encuestas indican que no siempre es así, y que su actitud equivale a la del heroinómano” CEBRIAN, Juan Luis, La red. Como cambiarán nuestras vidas los nuevos medios de comunicación, Madrid, Taurus, 1998, p.82.
[24] La computadora es su compañera, su novia electrónica, no existen secretos para ellos dos, entre los que crece un fuerte sentimiento de identificación (…)Su falta de tutela en la navegación, el descubrimiento de un mundo onírico, tan distante como íntimo, su desarraigo de toda realidad no virtual, el caótico devenir de las informaciones, su necesidad imperiosa de acomodarse a los improvisados usos del ciberespacio, son la base segura de un problema de identidad” CERIAN, Juan Luis , op.cit.p 86
[25] Las estadísticas de los sitios de encuentro sentimental por internet son desalentadores. Match.com contabilizó cinco millones de miembros en los últimos seis años, con el resultado de 1.100 matrimonios confirmados y 45 bebés nacidos en estos matrimonios. Esto significa que 1 de cada 2.270 miembros se casó por intermedio del site, lo que equivale a 0,045%. Otro sitio, uDate, sobre un total de 1,2 millones de personas conectadas, registró 75 casamientos confirmados. Ver COHEN, Joyce, ”En los romances por Internet, el amor es verdaderamente ciego”, publicado en LA NACIÓN, domingo 21 de enero de 2001, p.11
[26] El término “ilusión” deriva del latín illusio-onis de in y ludere (jugar). La ilusión supone el estado especial de entrar en un juego.
[27] Ver CATZ DE KATZ, Hilda, Entre la realidad y la fantasía,...lo virtual, Correo de APA Año IV, N 10, octubre 2000, pp.4-5 Winnicott caracteriza al juego como una tercera zona que se ensancha en la vida creadora y cultural del hombre. El juego no es una cuestión de realidad psíquica interior ni de realidad exterior sino de una tercera zona de experiencia cultural que vincula no sólo el espacio sino también el tiempo al dar sentido al transcurso del pasado, el presente y el futuro, ”Cuando hay fe y confiabilidad existe un espacio potencial, que puede convertirse en una zona infinita de separación, que el bebé, el niño, el adolescente, el adulto, pueden llenar de juego en forma creadora. Con el tiempo, ese juego se convierte en el disfrute de la herencia cultural.” WINNICOTT, D.W., Realidad y juego, Buenos Aires, Gedisa, 1988, p.144
[28] RIFKIN, Jeremy, La era del acceso. La revolución de la nueva economía, Barcelona, Paidós, 2000, p.247
[29] RIFKIN, Jeremy, op.cit., p.257
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