17 julio, 2006

El monopolio es el peor enemigo de la monogamia

Este artículo pretende mostrar como las relaciones de pareja están regidas por los mismos principios que los mercados de competencia perfecta e imperfecta, en nuestra sociedad.

Si entendemos a una pareja de individuos, como la unidad básica para establecer una relación, vamos a notar que en ella los miembros se comportan bajo las normas de los mercados. Es decir que la vinculación subsiste siempre y cuando se produzcan intercambios de bienes y servicios deseados por ambos, buscando de esta manera satisfacer sus necesidades particulares.
Los problemas comienzan cuando, en determinadas circunstancias, uno de ellos obtiene el control en forma monopólica del suministro de los bienes y servicios solicitados por su par.

Como en todo monopolio el demandante está en desventaja absoluta y sujeto, sin remedio, a la oferta del otro, ya sea en cantidad, calidad y frecuencia de suministro. Es por ello que, ante el desabastecimiento o la insatisfacción del demandante, se pueden dar al menos 4 opciones a saber:
1) Que el intercambio de los restantes bienes y servicios sea lo suficientemente bueno y abundante como para compensar la insatisfacción de la demanda, logrando, de esta manera, continuar con la relación sin mayores problemas.
2) Que el individuo insatisfecho tome una postura proteccionista y restrinja o monopolice la entrega de bienes y servicios deseados por el otro. Este conflicto de intereses solo puede ser resuelto por medio de la negociación, ya que ninguna de las partes querrá resignar fácilmente aquello que le causa placer.
3) Si de la situación planteada en el punto anterior no se logra alcanzar una solución satisfactoria a ambas partes y la infelicidad producida por el mal suministro de los bienes o servicios deseados es lo suficientemente significativo, se dará fin a la relación de pareja y cada parte buscará su satisfacción en otros proveedores.
4) Otra solución intermedia se daría cuando, mediante la negociación, no se lograra alcanzar un acuerdo favorable entre ambas partes y uno o ambos miembros salen a buscar bienes y servicios sustitutos, que su par no le brinda, en otras personas externas o ajenos a la pareja, ya sea con la anuencia o no del otro, modificando de hecho el vínculo que los unió originariamente.
Este tipo de comportamiento puede ser trasladado a grupos mayores de personas, siempre y cuando comprendamos que actúan colectivamente en vinculación con otro grupo distinto de individuos o una persona particular, en su búsqueda de satisfacción colectiva o singular.

En la sociedad actual los individuos promedio son bombardeados constantemente por los medios de comunicación, la publicidad y el marketing, animándonos a consumir bajo pautas, grabadas a fuego en nuestro inconsciente, que nos imponen el mercado. “Alcanzar mayor felicidad a medida que consumimos mayor cantidad de bienes y servicios” parece ser el paradigma reinante de nuestra época. Esta conducta perniciosa y engañosa tiene repercusiones profundas en la forma en que nos vinculamos con el resto de los individuos, nuestra familia, amigos, etc.
Algunos economistas y sociólogos llaman a este fenómeno “sociedad de consumo”, término que sirve para denominar a aquel tipo de sociedad que se corresponde con una etapa avanzada de desarrollo industrial y que se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios, disponibles gracias a la producción masiva de los mismos.

El concepto de sociedad de consumo está ligado al de economía de mercado y, por ende, al concepto de capitalismo, entendiendo por economía de mercado aquella que encuentra el equilibrio entre oferta y demanda a través de la libre circulación de capitales, productos y personas, sin intervención estatal.
La discusión sobre la bondad o maldad de la sociedad de consumo es más de carácter ético o ideológico que estrictamente económico, ya que si la economía es la ciencia encargada de satisfacer las necesidades humanas con los recursos disponibles, el problema es demostrar en qué medida la sociedad de consumo cubre nuestras necesidades, o bien destina muchos recursos valiosos a satisfacer deseos fútiles, dejando de lado cubrir necesidades mas etéreas como son las espirituales, buscando saciar apetencias individuales y cortoplacistas.

Una de las críticas más comunes sobre la sociedad de consumo es la que afirma que se trata de un tipo de sociedad que se ha "rendido" frente a las fuerzas del sistema capitalista y que, por tanto, sus criterios y bases culturales están sometidos a las creaciones puestas al alcance del consumidor. En este sentido, los consumidores finales perderían las características de ser personas humanas e individuales para pasar a ser considerados como una masa de consumidores a quienes se puede influir a través de técnicas de marketing, incluso llegando a la creación de "falsas" necesidades entre ellos.

La sociedad de consumo no sólo se refiere al consumo de bienes y servicios. La crítica a este tipo de sociedades viene dada por que ésta convierte a las personas en simples objetos para satisfacer las necesidades de otros individuos, pudiendo ser desechados, sin conmiseraciones, cuando pasaron de moda o cambiaron los gustos del mercado.
Esta misma situación se está presentando, con mayor frecuencia, en las parejas actuales ya que sus integrantes no pueden competir contra los modelos imperantes en el mercado. La idea de encontrar al amor de la vida, la persona que nos brinde seguridad y afecto, es reemplazada por la imagen de mujeres y hombres con cuerpos esculturales, siempre perfumados, ordenados y acicalados, exitosos en la cama y en sus oficios, con capacidad para comprar casas más grande o autos nuevos cuando se les da la gana, etc. Esta quimera no hace mas que profundizar la frustración, al compararla con la vida real, mientras que la pareja sigue sin darse cuenta que está inmersa en un círculo vicioso del cual solamente se puede salir si los sujetos toman conciencia de la situación.

Desgraciadamente son pocas las personas que entienden como funciona este mecanismo mientras que sigue creciendo el número de parejas divorciadas y familias desmembradas, siendo los más indefensos los que pagan el precio.

2 Comments:

Anonymous terapia gestalt said...

el fútbol.

1:25 p. m.  
Anonymous terapia gestalt said...

oye, ahora en serio, buen artículo. Te recomiendo, viniendo desde el otro sentido, la "Microeconomía del amor" de David de Ugarte.

Salud

1:29 p. m.  

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