24 junio, 2006

Internet, el viaje inmovil

Internet, el viaje inmóvil
Por Cristina Ambrosini

“Cuando no es el hambre, es el aburrimiento o la desesperanza lo que nos mata”
Michel Maffesoli, El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos, México, Fondo de Cultura Económica, 2004.

En los últimos años nadie discute la influencia transformadora del ciberespacio sobre nuestras vidas pero sí se discute si esos cambios nos permiten establecer la existencia de una cibercultura, es decir, de una cultura dominada por las transformaciones ocurridas a partir del uso del ciberespacio. Más allá de la identificación de una cibercultura, podemos reconocer que Internet y la cultura que en ella se va creando, constituyen un espacio nuevo con respecto a las culturas dominantes en la modernidad. El ciberespacio aparece como un espacio-puente hacia lo desconocido. Como lo desconocido debe ser asimilado, por analogía, a lo conocido, el ciberespacio es nombrado a partir de una serie de metáforas. Así, en los primeros años de expansión de Internet, se impuso la metáfora del "navegar", subrayando claramente los rasgos de aventura y de misterio que el ciberespacio podía deparar. El mar ha sido, desde siempre, un puente, el lugar de conexión, de comunicación, de diálogo. Son varios los nombres del mar. Para los griegos, el más común era “thálassa”. Mare nostrum, Mediterráneo, son nombres propios. “Pélagos”, en cambio, representa la vasta extensión de alta mar. El mar por excelencia, según Massimo Cacciari, es el archi-pélagos, el lugar de puente, de relación, de diálogo entre las distintas islas que lo habitan.

Sólo sedentarizando, territorializando, es posible dominar. La navegación también expresa un nuevo deseo de libertad. La idea de navegar convoca el esquema de la fuga, esquema que posee raíces arcaicas y surge en momentos específicos. La metáfora del viaje expone esta resistencia del hombre contemporáneo a confinarse en un único nombre, en una única identidad, incluso sexual.. El nomadismo, hoy en día, es el recuerdo nostálgico de alguna aventura fundadora. Instalados en las postrimerías de la sociedad industrial, renacen algunos mitos que alivian la pesadez de lo instituido: el del caballero andante, la búsqueda del sol o del Santo Grial o de El Dorado. El recuerdo de una juventud virginal, de un amor puro, de un ideal incontamido, le confiere nuevo vigor a la cultura

El concepto de movimiento -navegación- está implícito en las comunicaciones en Internet. La paradoja de las nuevas tecnologías consiste en que éstas inmovilizan al sujeto en lugar de permitirle moverse. En el ciberespacio se produce una estandardización del viaje, donde el pasajero permanece inmóvil, esperando a ser trasladado. ¿Qué se desplaza en este curioso viaje? En Internet desaparece el cuerpo ya que la red no transporta átomos sino bytes, entonces, ¿cuál es el cuerpo que se presenta en la navegación por internet fuera del cuerpo de la escritura o de las imágenes que nos muestra la pantalla? Este nuevo ciudadano, consumidor de nuevas tecnologías, el que podría resultar potenciada por ese nuevo e inmenso flujo de información y por tantas nuevas posibilidades de inspiración o escape, se ve, paradójicamente, fijado a una silla. Movimiento universal desde una silla inmóvil, que reconocen tanto los apologetas como los críticos. Encerrado en la oscuridad de su pequeño gueto doméstico, un cibernauta puede, durante horas, envolverse en la ilusión de que su núcleo de amigos, sus preferencias, sus intereses, sus manías, sus amores y hasta sus odios viven encapsulados en esa especie de nueva bola de cristal a la que puede castigar mudándose de sitio ¿Puede? Numerosas encuestas indican que no siempre es así, y que su actitud equivale a la del heroinómano, exagera Juan Luis Cebrian en, La red. Como cambiarán nuestras vidas los nuevos medios de comunicación, Madrid, Taurus, 1998, p.82.

El cibernauta no es sólo un navegante sino que, en sentido literal, es un navegante solitario. La realidad sobre la que opera es virtual y, en gran parte, un producto de su propia imaginación. Esto produce, en muchos casos, un verdadero efecto hipnótico cuando siente que es la pantalla quien le hace compañía, cuando se aísla de las personas con las que convive para conectarse con sus millones de amigos virtuales a los que siente tanto más íntimos que a los reales Superada la necesidad de la presencia física, el chat pasa a ser un curioso lugar para encuentros eróticos: no exige exponer el cuerpo mientras que la correspondencia on-line pasa a ser un nuevo género literario que, normalmente, crea la ilusión de una relación profunda cuando las piezas faltantes de esta comunicación “sin cuerpo” se completan con imaginación y fantasía. Por un lado, lo virtual se refiere a aquello que tiene una existencia aparente pero, por otro lado, instaura una realidad que logra surtir efectos sobre el mundo para transformarlo. El ciberespacio aparece como una zona intermedia entre la realidad y la imaginación, un espacio de juego, de fronteras movedizas, un espacio de ilusión que lleva implícito, a la vez, la posibilidad de desilusión. En más de un sentido, el ciberespacio puede ser visto como una tercera zona, mediadora entre lo objetivo y lo subjetivo, un Spielraum, un espacio de juego. En este nuevo ámbito, el sujeto se torna una continuación de la máquina y su virtualidad hasta el punto de propiciar la ausencia o el cambio del nombre o el uso de apodos ya que se puede “jugar” a asumir otra personalidad, otra edad, otro sexo. Tanto mágico como siniestro, el mundo virtual del ciberespacio propicia la aparición de un nuevo tipo humano caracterizado como alguien más interesado en tener experiencias excitantes y entretenidas que en acumular bienes, capaz de cambiar rápidamente de personalidad para adecuarse a cualquier nueva realidad –real o simulada-, que ya no reacciona como sus padres y abuelos, los burgueses de la era industrial, afirma Jeremy Rifkin en La era del acceso. La revolución de la nueva economía, Barcelona, Paidós, 2000, p.247 Para este autor, en esta nueva era, la gente adquiere su identidad en forma de pequeños segmentos comerciales. Lejos queda la dureza de una era dedicada a la explotación y transformación de los recursos físicos. Esta nueva cultura es más suave, más ligera, la conciencia racional se torna sospechosa mientras que los deseos eróticos, ilusiones y sueños del inconsciente salen a la luz y se convierten en realidad o, mejor dicho, en hiperrealidad. Se muestra y ensalza la cara oculta de la fantasía. Es un mundo vuelto del revés.

En la generación de la red, millones de adolescentes, a punto de entrar al mundo productivo, permanecen largas horas on-line al sentirse miembros de una tribu universal mientras sucumben al aislamiento para entregarse a una realidad distinta e imaginativa que, a diferencia del mundo cotidiano, no les exige responsabilidades mientras desarrollan fuertes mecanismos de identificación con la máquina en el uso del ciberespacio. La revolución tecnológica está, en gran parte, protagonizada por los adolescentes, ellos son los que programan la máquina, la interrogan, a la vez que descubren los secretos de un mundo onírico con el que se identifican. En buena medida, gran parte de la socialización ocurre en esta navegación inmóvil, sin la mediación del cuerpo. No sabemos si todos estos cambios permiten hablar de una nueva cultura aunque ya hay algunos que, como el ciberfilósofo uruguayo, Leo Masliah, han logrado detectar alguno de los peligros a los que se exponen los internautas al navegar en tan procelosas aguas.


LA CIBERNOVIA
Leo MasliahNo estoy seguro, pero una sospecha a mi me acecha cada vez peor. Hace ya tiempo que algo diferente se ve y se siente en el monitor. No tengo pruebas orales ni escritas, pero palpita en mi corazón; más que una duda casi la certeza, que en mi cabeza hay una hinchazón. Mi cibernovia me mete los cuernos, no se me ocurre otra explicación. Yo me di cuenta, porque cuando hablamosya no me presta la misma atención. Ya no me escribe frases tan vistosas y se equivoca en la puntuación; y si la apuro dice que hay problemas, y que se va a cortar la conexión. Mi cibernovia, mi cibernoviaes más que obvia su sórdida traición. Mi cibernovia, mi cibernoviaestá destruyendo mi cibercorazón. Mi cibernovia me mete los cuernos y tengo idea de con quien será. Es ese tipo que siempre se ponedistintos nombres cuando entra en el chat. ¿Como demora para contestarme, siendo que antes era tan veloz? Seguramente tiene otra ventana,y está de parla con ese chabón. Yo que tenía tantas esperanzas, tanta confianza en este amor virtual, libre de todas las complicacionesque se presentan en la realidad. Ahora me encuentro con que en este ambientetambién se cuece la infidelidad; y ni siquiera puedo ir con un caño a sorprenderlos en su intimidad. Mi cibernovia, yo que tenía el disco duro ardiente de frenesíSofisticada tecnología,ahora mis cuernos son de 32 bits. Mi cibernovia, mi cibernoviaque desazón, que atropello a la virtud. Mi cibernovia, mi cibernoviaen cualquier momento la bajo del menú.

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