30 junio, 2006

Del eros platónico al eros electrónico.

Por Cristina Ambrosini

Nuestras ideas nunca son originales, son el producto decantado luego de largos siglos de elaboración de algunos mitos fundacionales. Entre ellos, se encuentra el mito de Eros, el amor, que encuentra su expresión más sublime y sublimada en Platón quien dedica al tema tres de sus diálogos: Lisis, Banquete y Fedro. En el siglo XX, Freud mediante, eros se identifica con la vida sexual y, en este terreno, pasa a ser parte del discurso de la ciencia y de la pseudociencia (ahora, sexólogos mediante). El tema no podía pasar desapercibido, tampoco, para los estudiosos de la era digital. Hoy en día se admite que Eros circula también por Internet, lo que permite hablar de un eros electrónico. De uno y del otro hablamos en este artículo.

En el Lisis Platón plantea el tema de la esencia de la amistad, que habría de desarrollar más tarde en sus diálogos de madurez al abordar la figura de eros. Su teoría de la amistad constituye el nervio de su posición política ya que la reconstrucción y el orden social solamente pueden ser llevados a cabo por un grupo reducido de hombres identificados en las mismas ideas que actuarían como una célula germinal de la nueva sociedad. Tal es el significado de la philía: una comunidad espiritual y ética. No debe olvidarse que la democracia ateniense, según la leyenda, fue fundada por una pareja de amantes, Harmodio y Aristogitón, unidos a vida o muerte por el eros. . Platón se declara partidario de la costumbre espartana de estas reuniones de hombres donde convergen Eros y Dionisos puestos al servicio de la educación de los jóvenes. El placer físico, que proporcionan tanto el vino como el amor a los cuerpos, el amor sensible, constituyen condiciones previas para que, en la marcha ascendente del placer, todo desemboque en el Eros filosófico. Si el placer físico, el amor a los cuerpos, no se transforma en amor espiritual (amor a las almas) no hay eros platónico pero, a la recíproca, tampoco resulta posible el amor espiritual aislado, sin enlace de éste con los estadios previos del amor físico a los cuerpos.
En Banquete (181) Pausanias establece una distinción entre el eros vil y el eros noble para justificar la pederastia como manifestación del eros masculino. Esta costumbre, proveniente de Esparta, procede de la vida en los campamentos guerreros. Al caer Esparta y disminuir su influencia, cosa que ocurrió después de la redacción del Banquete, la pederastia disminuyó tanto como los ideales que la sustentaban. En Ética y Política de Aristóteles ya no cumple ninguna función como factor educativo. Esto mostraría que Platón se encuentra, en el tratamiento del tema de eros, lo mismo que con los ideales de la polis, en una línea divisoria, en un período de transición entre la veneración de las viejas tradiciones griegas y su proyección sobre un nuevo mundo de valores.
Platón da el marco adecuado del discurso de eros en el simposio (banquete). Los simposios eran lugares donde la tradición homérica consagró el encuentro de la auténtica areté (virtud) masculina. Platón es el creador de una nueva forma filosófica del simposio. En Leyes, al comienzo de la obra, dedica un libro al valor educativo del beber y de las reuniones de bebedores
Eros es un gran daimon (202e), llena el abismo entre lo terrenal y lo divino y es el vínculo que mantiene unido al universo. A diferencia del resto de los dioses, Eros es filósofo aunque también se destaca como gran mago y encantador. Eros no se identifica con el objeto amado sino con el amante. El objeto de amor es siempre bello, gracioso, perfecto, bienaventurado, en cambio el amante es indigente, desea aquello de lo que carece. Con esta idea, Platón está aceptando el hecho de que en la divinidad misma es imposible el deseo y, en consecuencia el amor. Eros, es aspiración a lo divino ya que se trata de un ser menesteroso, incompleto, carenciado. La realidad divina, en su perfección, es incapaz de desear o amar, pues no existe en ella, como realidad perfecta, carencia alguna. Eros no es un dios, pero no por ello es un ser mortal o no es nada. En Eros, lo demónico, se presenta entonces como un principio que reconcilia inmanencia y trascendencia, lo superior y lo inferior, y posibilita así la unidad del ser en su dualidad.

Eros bajo la configuración del delirio, es una forma de superación de los límites de la carne, en el que “amar” es “ver y entender”. El desenfreno tiene múltiples nombres. Si es con relación a la comida, se llama glotonería y toma otro nombre cuando alude a la bebida. Si menciona al apetito que, sin control de lo racional, domina el estado de ánimo que tiende hacia lo recto y es impulsado ciegamente hacia el goce de la belleza y, poderosamente fortalecido por apetitos emparentados con él, es arrastrado hacia el esplendor de los cuerpos, y llega a conseguir la victoria en este empeño, se le llama Eros (238c).

El punto de inflexión entre lo físico y lo espiritual no es un punto de ruptura, para Platón, es parte de un interjuego cuya finalidad es una marcha ascendente hacia lo sublime. La mente del filósofo es “alada” (251c), supera la pesadez del cuerpo aunque no la elimina. Esta condición “fronteriza” caracteriza el delirio amoroso. El poder natural del ala es levantar lo pesado hacia donde mora el linaje de los dioses. Lo divino es bello, sabio y bueno y de esto se alimenta el plumaje del alma (246e).

Y aquí es, precisamente, a donde viene a parar todo ese discurso sobre la cuarta forma de locura, aquella que se da cuando alguien contempla la belleza de este mundo, y, recordando la verdadera, le salen alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí abajo, y dando ocasión a que se le tenga por loco. Así que, de todas las formas de “entusiasmo”, es ésta la mejor de las mejores, tanto para el que la tiene, como para el que con ella se comunica, y al partícipe de esta manía, al amante de los bellos, se le llama enamorado.

Los discursos sobre eros expresan esta aspiración hacia lo moralmente bello, la preocupación por la excelencia y perfección del amado.

Desde el eros platónico al eros electrónico

En nuestra época la ciencia se apodera del discurso sobre eros, pierde altura, desciende de lo sublime. Lo psíquico, lo que alude al alma, ya no se sitúa en las alturas del cielo platónico sino que ahora nombra las pulsiones sexuales. Ciertamente, a Freud no le tiembla el pulso al momento de usar los antiguos mitos griegos para darles una novedosa interpretación. Así y todo el propio Freud admite, con total honestidad intelectual, lo poco que conocemos acerca del amor que, aun para la ciencia, se mantiene como un misterio.
Tratando de develar, en parte, este misterio, encontramos a Román Gubert (Barcelona, 1934), quien nos habla del “eros electrónico”. Este sociólogo catalán ha publicado Historia del cine, El simio informatizado y La mirada opulenta, entre otros títulos y es llamado "el Mac Luhan o el Eco español”. En el El eros electrónico México, Taurus, 2000, analiza las implicaciones emocionales y afectivas de los nuevos medios en las formas de vida de la sociedad postindustrial. En este libro investiga los fenómenos que se están originando hoy día como la expansión pornográfica, los robots emocionales, los usos amorosos del correo electrónico, el cibersexo y los ensueños eróticos que la imagen digital propicia.Dice Gubert:
La red ofrece ciertas ventajas para la comunicación sentimental. Resulta ideal para los tímidos y los solitarios forzosos, como las personas que efectúan tareas nocturnas o viven en zonas despobladas. El anonimato estimula, además, la desinhibición social y la red permite así las relaciones entre extraños con más facilidad que las discotecas y los bares, en donde la mirada o la voz pueden flaquear. Es ideal para los tímidos e inseguros, además, cancela, por el anonimato de la comunicación, los efectos negativos del racismo étnico y de los racismos sociales de la fealdad, de la edad y de la enfermedad.
Al parecer, la antigua dicotomía platónica cuerpo-alma, se resuelve en una integración a favor del alma. Internet, vista como toda tecnología, como una prolongación del cuerpo, posibilita, como nunca antes en la historia de la humanidad, el vuelo del alma. Como dijimos en un artículo anterior, provisto de sus prótesis electrónicas, como un inválido equipado, el internauta puede dejar volar su alma sin sentir el peso de un cuerpo.
¿Se logrará, tal como lo percibe Paul Virilio, "un metacuerpo independiente de las condiciones del medio, en la medida en que el espacio real (la extensión del mundo propio pero también el espesor del cuerpo propio del individuo) pierda progresivamente su importancia en provecho del tiempo real de impulsos, de sobrexcitaciones nanotecnológicas que sucederán a los ritmos vitales"?¿Se modificará la estructura orgánica del cuerpo convertida en pixeles y lenguaje numérico proteiforme? ¿Los actuales procesos de simulación son tan solo el comienzo de una descorporización sistemática del placer: telesexo, sexo virtual, compromisos amistosos a través de la red de redes, amores ciber...? Todas estas preguntas no se le ocurrieron a Platón cuando imaginó a Eros como el alimento del plumaje de las alas del alma.


Virilio, Paul. El arte del motor. Aceleración y realidad virtual. Buenos Aires, Manantial,1996.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Platon diviniza a eros con fines políticos, está clarísimo. acertado señalamiento en su artículo. no soy de la filosofía pero entiendo sus intenciones

11:37 a. m.  

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